--¡Thorin! --gritó--, ¿Y ahora qué? Estamos armados, ¿pero de qué sirvieron
antes las armaduras contra Smaug el Terrible? El tesoro no ha sido recobrado
aún. No buscamos oro, sino una salida: ¡y hemos tentado demasiado la suene!
--¡Estás en lo cierto! --respondió Thorin, saliendo de su aturdimiento--.
¡Vamonos! Yo os guiaré. Ni en mil años podría yo olvidar los laberintos de este
palacio, --Luego llamó a los otros, que empezaron a agruparse, y sosteniendo
altas las antorchas atravesaron las puertas, no sin echar atrás miradas ansiosas.
Habían vuelto a cubrir las mallas resplandecientes con las viejas capas, y los
cascos brillantes con los capuchones harapientos, y uno tras otro seguían a
Thorin.
Una hilera de lucecitas en la oscuridad que a menudo se detenían, cuando los
enanos escuchaban temerosos, atentos a cualquier ruido que anunciara la llegada
del dragón.
Aunque el tiempo había pulverizado o destruido los adornos antiguos y aunque
todo estaba sucio y desordenado con las idas y venidas del monstruo, Thorin
conocía cada pasadizo y cada recoveco. Subieron por largas escaleras, torcieron
y bajaron por pasillos anchos y resonantes, volvieron a torcer y subieron aún más
escaleras. y de nuevo aún más escaleras. Talladas en la roca viva, eran lisas,
amplias y regulares; y los enanos subieron y subieron, y no encontraron ninguna
señal de criatura viviente, sólo unas sombras furtivas que huían de la proximidad
de las antorchas, estremecidas por las corrientes de aire,
De cualquier manera los escalones no estaban hechos para piernas de hobbit, y
Bilbo empezaba a sentir que no podría seguir así mucho más, cuando de pronto el
techo se elevó; las antorchas no alcanzaban ahora a iluminarlo. Lejos, allá arriba,
se podía distinguir un resplandor blanco que atravesaba una abertura, y el aire
tenía un olor más dulce. Delante de ellos una luz tenue asomaba por unas
grandes puertas, medio quemadas, y que aún colgaban torcidas de los goznes.


--Esta es la gran cámara de Thror --dijo Thorin--, el salón de fiestas y de
reuniones. La Puerta Principal no queda muy lejos.
Cruzaron la cámara arruinada. Las mesas se estaban pudriendo allí; sillas y
bancos yacían patas arriba, carbonizados y carcomidos. Cráneos y huesos
estaban tirados por el suelo entre jarros, cuencos, cuernos de beber destrozadas v
polvo. Luego de cruzar otras puertas en el fondo de la cámara, un rumor de agua
llegó hasta ellos, v la luz grisácea de repente se aclaró.
--Ahí está el nacimiento del Río Rápido --dijo Thorin-- Desde aquí corre hacia la
Puerta. ¡Sigámoslo!
De una abertura oscura en una pared de roca, manaba un agua hirviendo, y fluía
en remolinos por un estrecho canal que la habilidad de unas manos ancestrales
había excavado, enderezado y encauzado. A un lado se extendía una calzada
pavimentada, bastante ancha como para que varios hombres pudieran marchar de
frente. Fueron de prisa por la calzada, y he aquí que luego de un recodo la clara


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