enanos que brillaban en las cavernas tenebrosas. De repente, en el bosque de
más allá de Delagua se alzó un fuego, --quizá alguien encendía una hoguera-- y
pensó en dragones devastadores que invadían la pacífica Colina envolviendo todo
en llamas. Se estremeció; y en seguida volvió a ser el sencillo señor Bolsón, de
Bolsón Cerrado, Sotomonte otra vez.
Se incorporó temblando. Tenía muy pocas ganas de traer la lámpara, y apenas un
poco más de pretender que iba a buscarla y marcharse y esconderse luego en la
bodega detrás de los barriles de cerveza y no salir más hasta que los enanos se
fueran. De pronto advirtió que la música y el canto habían cesado y que todos lo
miraban con ojos brillantes en la oscuridad.
--¿Adónde vas? --le preguntó Thorin, en un tono que parecía querer mostrar que
adivinaba los pensamientos contradictorios del hobbit.
--¿Qué os parece un poco de luz? --dijo Bilbo disculpándose.
--Nos gusta la oscuridad --dijeron todos los enanos--. ¡Oscuridad para asuntos
oscuros! Faltan aún muchas horas hasta el alba.
--¡Por supuesto! --dijo Bilbo, y volvió a sentarse a toda prisa. No le acertó al
taburete y se sentó en cambio en el guardafuegos, derribando con estrépito el
atizador y la pala.
--¡Silencio! --dijo Gandalf--. ¡Que hable Thorin! --Y así fue como Thorin empezó.
--¡Gandalf, enanos y señor Bolsón! Nos hemos reunido en casa de nuestro amigo
y compañero conspirador, este hobbit de lo más excelente y audaz. ¡Que nunca se
le caiga el pelo de los pies! ¡Toda nuestra alabanza al vino y la cerveza de la
región! --Se detuvo a tomar un respiro y a esperar una cortés observación del
hobbit, pero al pobre Bilbo se le habían agotado las cortesías, y movía la boca
tratando de protestar porque lo habían llamado audaz, y peor que eso, compañero
conspirador aunque no emitió ningún sonido; se sentía de veras estupefacto. De
modo que Thorin continuó:
--Nos hemos reunido aquí para discutir nuestros planes, medios, política y
recursos. Emprenderemos ese largo viaje poco antes que rompa el día, un viaje
que para algunos de nosotros, o quizá para todos (excepto para nuestro amigo y
consejero, el ingenioso mago Gandalf) quizá sea un viaje sin retorno. Este es un
momento solemne. Nuestro objetivo, supongo, todos lo conocemos bien. Para el
estimable señor Bolsón, y quizá para uno o dos de los enanos más jóvenes (creo
que acertaría si nombrara a Kili y a Fíli, por. Ejemplo), la situación exacta y actual
podría necesitar de una breve explicación...
Esté era el estilo de Thorin. Era un enano importante. Si se lo hubieran permitido,
quizá habría seguido así hasta quedarse sin aliento, sin dejar de decir a cada uno
algo ya sabido. Pero lo interrumpieron de mal modo. El pobre Bilbo no pudo
soportarlo más. Cuando oyó quizá sea un viaje sin retomo empezó a sentir que un
chillido le subía desde dentro, y muy pronto estalló como el silbido de una
locomotora a la salida de un túnel. Todos los enanos se pusieron en pie de un
salto derribando la mesa. Gandalf golpeó el extremo de la vara mágica que emitió
una luz azul, y en el resplandor se pudo ver al pobre hobbit de rodillas sobre la
12
|
|