Drácula
tan intensamente que, aunque el frente de nuestra parte de la Creciente es-
taba en la sombra, todo podía verse distintamente) eché una mirada a
nuestra ventana y vi la cabeza de Lucy reclinándose hacia fuera. Pensé que
quizá estaba en espera de mi regreso, por lo que abrí mi pañuelo y lo agité.
Sin embargo, ella no lo notó, no hizo ningún movimiento. En esos mo-
mentos, la luz de la luna se arrastró alrededor de un ángulo del edificio, y
sus rayos cayeron sobre la ventana. Allí estaba Lucy, con la cabeza recli-
nada contra el lado del antepecho de la ventana, y con los ojos cerrados.
Estaba profundamente dormida, y a su lado, posado en el antepecho de la
ventana, había algo que parecía ser un pájaro de regular tamaño. Sentí te-
mor de que pudiera resfriarse, por lo que corrí escaleras arriba, pero cu-
ando llegué al cuarto ella ya iba de regreso a su cama, profundamente
dormida y respirando pesadamente; se llevaba la mano al cuello, como si lo
protegiera del frío.
No la desperté, sino que la arropé lo mejor que pude; comprobé
que la puerta estuviera bien cerrada, y la ventana también.
¡Es tan dulce cuando duerme! Pero está más pálida que de costum-
bre, y en sus ojos hay una mirada cansada, macilenta, que no me agrada.
Temo que esté inquieta por algo. Desearía averiguar qué es.
15 de agosto. Me levanté más tarde que de costumbre. Lucy está
lánguida y cansada, y durmió hasta después de que habíamos sido
llamadas. En el desayuno tuvimos una grata sorpresa. El padre de Arthur
está mejorado, y quiere que el casamiento se efectúe lo más pronto posible.
Lucy está llena de callado regocijo, y su madre está a la vez alegre y triste.
Más tarde me dijo la causa. Está melancólica por tener que perder a Lucy,
pero le alegra que pronto ella vaya a tener alguien que la proteja. ¡Pobre
señora, tan querida y dulce! Me hizo la confidencia de que ya pronto
morirá. No le ha dicho nada a Lucy, y me hizo prometer guardar el se-
creto; su médico le ha dicho que dentro de unos meses, a lo sumo, va a
morir, pues su corazón se esta debilitando. En cualquier momento, incluso
ahora, una impresión repentina le produciría casi seguramente la muerte.
¡Ah! Hicimos bien en no contarle lo ocurrido aquella terrible noche de
sonambulismo de Lucy.
17 de agosto. No he escrito nada durante dos días seguidos. No he
tenido ganas de hacerlo. Una especie de oscuro sino parece estarse
cirniendo sobre nuestra felicidad. Ninguna noticia de Jonathan, y Lucy
parece estar cada vez más débil, mientras las horas de su madre se están
acercando al desenlace final. No comprendo cómo Lucy se esta apagando
como lo hace. Come bien y duerme bien, y goza del aire fresco; pero todo
el tiempo las rosas en sus mejillas están marchitándose y día a día se vuelve
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