Drácula


Mismo día, por la tarde. Todo marcha bien. Lucy durmió hasta que
yo la desperté y pareció que no había cambiado siquiera de lado. La aven-
tura de la noche no parece haberle causado ningún daño; por el contrario,
la ha beneficiado, pues está mucho mejor esta mañana que en las últimas
semanas. Me sentí triste al notar que mi torpeza con el imperdible la había
herido. De hecho, pudo haber sido algo serio, pues la piel de su garganta
estaba agujereada. Debo haber agarrado un pedazo de piel con el imperdi-
ble, atravesándolo, pues hay dos pequeños puntos rojos como agujeritos
de alfiler, y sobre el cuello de su camisón de noche había una gota de san-
gre. Cuando me disculpé y le mostré mi preocupación por ello, Lucy rió y
me consoló, diciendo que ni siquiera lo había sentido. Afortunadamente,
no le quedará cicatriz, ya que son orificios diminutos.
Mismo día, por la noche. Hemos pasado el día muy contentas. El
aire estaba claro, el sol brillante y había una fresca brisa. Llevamos nuestro
almuerzo a los bosques de Mulgrave; la señora Westenra conduciendo por
el camino, Lucy y yo caminando por el sendero del desfiladero y encon-
trándonos con ella en la entrada. Yo me sentí un poco triste, pues pude
darme cuenta de cómo hubiera sido absolutamente feliz si hubiera tenido a
Jonathan a mi lado. Pero, ¡vaya! Sólo debo ser paciente. Por la noche di-
mos una caminata hasta el casino Terraza, y escuchamos alguna buena
música por Spohr y Mackenzie, y nos acostamos muy temprano. Lucy
parece estar más tranquila de lo que había estado en los últimos tiempos, y
yo me dormí de inmediato. Aseguraré la puerta y guardaré la llave de la
misma manera que antes, pues no creo que esta noche haya ningún prob-
lema.
12 de agosto. Mis predicciones fueron erróneas, pues dos veces du-
rante la noche fui despertada por Lucy, que estaba tratando de salir.
Parecía, incluso dormida, estar un poco impaciente por encontrar la puerta
cerrada con llave, y se volvió a acostar profiriendo quejidos de protesta.
Desperté al amanecer y oí los pájaros piando fuera de la ventana. Lucy
despertó también, y yo me alegré de ver que estaba incluso mejor que ayer
por la mañana. Toda su antigua alegría parece haber vuelto, y se pasó a mi
cama apretujándose a mi lado para contarme todo lo de Arthur. Yo le dije
a ella cómo estaba ansiosa por Jonathan, y entonces, trató de consolarme.
Bueno, en alguna medida lo consiguió, ya que aunque la conmiseración no
puede alterar los hechos, sí puede contribuir a hacerlos más soportables.
13 de agosto. Otro día tranquilo, y me fui a cama con la llave en mi
muñeca como antes. Otra vez desperté por la noche y encontré a Lucy
sentada en su cama, todavía dormida, señalando hacia la ventana. Me le-
vanté sigilosamente, y apartando la persiana, miré hacia afuera. La luna
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