Bram Stoker
comprende. Hay un motivo adicional en el hecho de que el pobre anciano,
el señor Swales, fue encontrado muerto esta mañana en nuestro asiento,
con la nuca quebrada. Evidentemente, como dijo el médico, cayó de espal-
das sobre el asiento, presa de miedo, pues en su rostro había una mirada de
temor y horror, que los hombres decían los hacía temblar. ¡Pobre querido
anciano! ¡Quizá ha visto a la muerte con sus ojos moribundos! Lucy es tan
dulce y siente las influencias más agudamente que otra gente. Ahora
mismo está muy excitada por un pequeño detalle al que yo no le presté
mucha atención, aunque yo misma quiero mucho a los animales. Uno de
los hombres que siempre subía aquí para mirar los botes era seguido por su
perro. El perro siempre estaba con él. Los dos son muy tranquilos, y yo
nunca vi al hombre enojado, ni escuché que el perro ladrara. Durante el
servicio el perro no quiso acercarse a su dueño, que estaba sobre el asiento
con nosotras, sino que se mantuvo a unos cuantos metros de distancia y
ladrando y aullando. Su dueño le habló primero suavemente, luego en tono
más áspero, y finalmente muy enojado; pero el animal no quiso acercarse ni
cesó de hacer ruido. Estaba poseído como por una especie de rabia, con
sus ojos brillándole salvajemente, y todos los pelos erizados como la cola
de un gato cuando se está preparando para la pelea. Finalmente, también el
hombre se enojó, y saltando del asiento le dio puntapiés al perro, y luego,
tomándolo por el pescuezo, lo arrastró y lo tiró sobre la lápida en la cual
está montado el asiento. En el momento en que tocó la lápida la pobre
criatura recobró su actitud pacífica, pero comenzó a temblar desesperada-
mente. No trató de irse, sino que se enroscó, temblando y agachándose, y
se encontraba en tal estado de terror que yo traté de calmarlo, aunque sin
efecto, Lucy también sintió compasión, pero no intentó tocar al perro sino
que sólo lo miró con lástima. Temo mucho que tenga una naturaleza de-
masiado sensible como para que pueda andar por el mundo sin problemas.
Estoy segura de que esta misma noche soñará con todo lo que ha
sucedido. Toda la acumulación de hechos extraños (el barco piloteado
hasta el puerto por un hombre muerto; su actitud, atado al timón con un
crucifijo y rosarios; el emotivo funeral; el perro, unas veces furioso y otras
aterrorizado) le dará abundante material para sus sueños.
Creo que para ella lo mejor sería retirarse a su cama, cansada física-
mente, por lo que la llevaré a dar una larga caminata por los acantilados de
la bahía de Robin Hood, y luego de regreso. No creo que después le queden
muchas inclinaciones para caminar dormida.
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