Drácula


sonido de muchos pies que caminaban, muriéndose en algún pasaje que
enviaba un eco retumbante. Quise dirigirme nuevamente corriendo hacia la
bóveda, donde tal vez podría encontrar la nueva entrada; pero en ese mo-
mento un violento golpe de viento pareció penetrar en el cuarto, y la pu-
erta que conducía a la escalera de caracol se cerró de un golpe tan fuerte
que levantó el polvo de los dinteles. Cuando corrí a abrir la puerta, encon-
tré que estaba herméticamente cerrada. De nuevo era prisionero, y la red
de mi destino parecía irse cerrando cada vez más.
Mientras escribo esto, en el pasadizo debajo de mí se escucha el
sonido de muchos pies pisando y el ruido de pesos bruscamente deposita-
dos, indudablemente las cajas con su cargamento de tierra. También se oye
el sonido de un martillo; es la caja del conde, que están cerrando. Ahora
puedo escuchar nuevamente los pesados pies avanzando a lo largo del cor-
redor, con muchos otros pies inútiles siguiéndolos detrás.
Se cierra la puerta, las cadenas chocan entre sí al ser colocadas; se
oye el chirrido de la llave en la cerradura; puedo incluso oír cuando la llave
se retira; entonces se abre otra puerta y se cierra; oigo los crujidos de la
cerradura y de los cerrojos.
¡Oíd! En el patio y a lo largo del rocoso sendero van las pesadas
ruedas, el chasquido de los látigos y los coros de los gitanos a medida que
desaparecen en la distancia. Estoy solo en el castillo con esas horribles
mujeres.
¡Puf! Mina es una mujer, y no tiene nada en común con ellas. Estas
son diablesas del averno.
No permaneceré aquí solo con ellas; trataré de escalar la pared del
castillo más lejos de lo que lo he intentado hasta ahora. Me llevaré algún
oro conmigo, pues podría necesitarlo más tarde. Tal vez encuentre alguna
manera de salir de este horrendo lugar.
Y entonces, ¡rápido a casa! ¡Rápido al más veloz y más cercano de
los trenes! ¡Lejos de este maldito lugar, de esta maldita tierra donde el de-
monio y sus hijos todavía caminan con pies terrenales!.
Por lo menos la bondad de Dios es mejor que la de estos mon-
struos, y el precipicio es empinado y alto. A sus pies, un hombre puede
dormir como un hombre. ¡Adiós, todo! ¡Adiós, Mina!




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