Drácula
En la población de Transilvania hay cuatro nacionalidades distintas:
sajones en el sur, y mezclados con ellos los valacos, que son descendientes
de los dacios; magiares en el oeste, y escequelios en el este y el norte. Voy
entre estos últimos, que aseguran ser descendientes de Atila y los hunos.
Esto puede ser cierto, puesto que cuando los magiares conquistaron el
país, en el siglo XI, encontraron a los hunos, que ya se habían establecido
en él. Leo que todas las supersticiones conocidas en el mundo están reuni-
das en la herradura de los Cárpatos, como si fuese el centro de alguna es-
pecie de remolino imaginativo; si es así, mi estancia puede ser muy
interesante. (Recordar que debo preguntarle al conde acerca de esas super-
sticiones).
No dormí bien, aunque mi cama era suficientemente cómoda, pues
tuve toda clase de extraños sueños. Durante toda la noche un perro aulló
bajo mi ventana, lo cual puede haber tenido que ver algo con ello; o puede
haber sido también el pimentón, puesto que tuve que beberme toda el agua
de mi garrafón, y todavía me quedé sediento. Ya de madrugada me dormí,
pero fui despertado por unos golpes insistentes en mi puerta, por lo que
supongo que en esos momentos estaba durmiendo profundamente. Comi
más pimentón en el desayuno, una especie de potaje hecho de harina de
maíz que dicen era "mamaliga", y berenjena rellena con picadillo, un ex-
celente plato al cual llaman "impletata" (recordar obtener también la receta
de esto). Me apresuré a desayunarme, ya que el tren salía un poco después
de las ocho, o, mejor dicho, debió haber salido, pues después de correr a la
estación a las siete y media tuve que aguardar sentado en el vagón durante
más de una hora antes de que nos pusiéramos en movimiento. Me parece
que cuanto más al este se vaya, menos puntuales son los trenes. ¿Cómo
serán en China?
Pareció que durante todo el día vagábamos a través de un país que
estaba lleno de toda clase de bellezas. A veces vimos pueblecitos o castillos
en la cúspide de empinadas colinas, tales como se ven en los antiguos
misales; algunas veces corrimos a la par de ríos y arroyuelos, que por el
amplio y pedregoso margen a cada lado de ellos. parecían estar sujetos a
grandes inundaciones. Se necesita gran cantidad de agua, con una corriente
muy fuerte, para poder limpiar la orilla exterior de un río. En todas las
estaciones había grupos de gente, algunas veces multitudes, y con toda
clase de atuendos. Algunos de ellos eran exactamente iguales a los cam-
pesinos de mi país, o a los que había visto cuando atravesaba Francia y
Alemania, con chaquetas cortas y sombreros redondos y pantalones
hechos por ellos mismos; pero otros eran muy pintorescos. Las mujeres
eran bonitas, excepto cuando uno se les acercaba, pues eran bastante grue-
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