Drácula


al niño. Su conjunto de nombres enlaza los de todo nuestro grupo de hom-
bres, pero lo llamamos Quincey.
Durante el verano de este año, hicimos un viaje a Transilvania, re-
corriendo el terreno que para nosotros estaba y está tan lleno de terribles
recuerdos. Nos resultó casi imposible creer que las cosas que habíamos
visto con nuestros propios ojos y oído con nuestros oídos, hubieran podido
existir. Todo rastro de aquello ha desaparecido por completo. El castillo
permanece como antes, elevándose ante un paisaje lleno de desolación.
Cuando volvimos a casa, hablamos de los viejos tiempos... que
podíamos recordar sin sentir desesperación, puesto que tanto Godalming
como Seward son felices en sus matrimonios. Saqué los papeles de la caja
fuerte en que se han encontrado guardados desde nuestro regreso, hace
tanto tiempo.
Nos sorprendimos al ver que todo el conjunto de papeles que com-
ponen la totalidad de los registros, no puede decirse que constituyan un
auténtico documento; solamente son un montón de papeles mecanogra-
fiados, con excepción de las últimas notas tomadas por Mina, por el doctor
Seward y por mí mismo, así como el memorando del doctor van Helsing.
No podemos pedirle a nadie, ni aunque lo deseemos, aceptar ese montón
de papeles como prueba de una historia tan terrible. Van Helsing resumió
todo cuando dijo, teniendo a nuestro hijito sobre sus rodillas:
-No necesitamos pruebas. ¡No le pedimos a nadie que nos crea!
Este muchacho sabrá alguna vez lo valerosa y extraordinaria que es su ma-
dre. Ahora, ya conoce su dulzura y su cariño; más adelante, comprenderá
cómo la amaban algunos hombres, que tanto arriesgaron por su bien.
JONATHAN HARKER




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