Bram Stoker


Yo supongo que, en Londres, el conde decidió regresar a su castillo
por el agua, puesto que éste era el camino más seguro y secreto. A él lo
llevaron desde el castillo los cíngaros, y probablemente entregaron su carga
a eslovacos, que la llevaron a Varna, donde fue embarcada con destino a
Londres. Así, el conde conocía a las personas que podían efectuar ese
servicio. Cuando la caja estaba en tierra, antes de la salida del sol o des-
pués de su puesta, salió de su caja, se reunió con Skinsky y le dio instruc-
ciones sobre lo que tenía que hacer respecto a encontrar alguien que
pudiera transportar la caja por el río. Cuando Skinsky lo hizo, y el conde
supo que todo estaba en orden, se dio a la tarea de borrar las pistas, asesi-
nando a su agente.
He examinado los mapas y he descubierto que el río más apropiado
para que los eslovacos hayan ascendido por él es el Pruth o el Sereth. He
leído en el manuscrito que en mis momentos de trance oí vacas a lo lejos y
el ruido del agua al nivel de mis oídos, así como también el ruido de roce
de madera contra madera. Entonces, eso quiere decir que el conde, en su
caja, viajaba sobre el río, en una barca abierta..., impulsada probablemente
por medio de remos o flotadores, ya que los bancos se encuentran cerca y
navega contra la corriente. No se producirían esos ruidos si avanzara al
mismo tiempo que la corriente.
Naturalmente, debe tratarse, ya sea del Sereth o del Pruth; pero, en
este punto, podemos investigar algo más. El Pruth es el más fácil para la
navegación, pero el Sereth, en Fundu, recibe al Bistritza, que corre en
torno al Paso Borgo. La curva que describe se encuentra manifiestamente
tan cerca del castillo de Drácula como es posible llegar por agua.

Del Diario de Mina Harker
(continuación)
Cuando concluí la lectura, Jonathan me tomó en sus brazos y me
abrazó; los demás me tomaron de ambas manos, me sacudieron y el doctor
van Helsing dijo:
-Nuestra querida señora Mina es, una vez más, nuestra maestra. Sus
ojos se han posado en donde nosotros no habíamos visto nada. Ahora, es-
tamos nuevamente sobre la pista y, esta vez, podemos triunfar. Nuestro
enemigo se encuentra en su punto más débil y, si podemos alcanzarlo de
día, sobre el agua, nuestra tarea habrá concluido. Tiene cierta ventaja, pero
no puede apresurarse, ya que no puede abandonar su caja con el fin de no
despertar sospechas entre quienes lo transportan; en el caso de que ellos
sospecharan algo, su primera reacción sería la de arrojarlo inmediatamente
por la borda, y perecería en el agua. Naturalmente, él sabe eso y no puede

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