Bram Stoker


sin que le importe otra cosa. Así, su propio egoísmo libera a mi alma, hasta
cierto punto, del terrible poder que adquirió sobre mí aquella terrible no-
che. ¡Lo siento! ¡Oh, lo siento! ¡Gracias a Dios por su enorme misericor-
dia! Mi alma está más libre que lo que lo ha estado nunca desde aquella
hora terrible, y lo único que me queda es el temor de que en alguno de mis
trances o sueños, haya podido utilizar mis conocimientos para sus fines.
El profesor se puso en pie, y dijo:
-Ha utilizado su mente; por eso nos ha dejado aquí, en Varna,
mientras el barco que lo conducía avanzaba rápidamente, envuelto en la
niebla, hacia Galatz, donde, sin duda, lo había preparado todo para huir de
nosotros. Pero su mente infantil no fue más allá, y es posible que, como
siempre sucede de acuerdo con la Providencia Divina, lo que el criminal
creía que era bueno para su bienestar egoísta, resulta ser el daño más im-
portante que recibe. El cazador es atrapado en su propia trampa, como
dice el gran salmista. Puesto que ahora que cree que está libre de nosotros
y que no ha dejado rastro y que ha logrado huir de nosotros, disponiendo
de tantas horas de ventaja para poder hacerlo, su cerebro infantil lo hará
dormir. Cree, asimismo, que al dejar de conocer su mente de usted, no
puede usted tener ningún conocimiento de él; ¡ese es su error! Ese terrible
bautismo de sangre que le infligió a usted la hace libre de ir hasta él en
espíritu, como lo ha podido hacer usted siempre hasta ahora, en sus mo-
mentos de libertad, cuando el sol sale o se pone. En esos momentos, va
usted por mi voluntad, no por la de él. Y ese poder, para bien tanto de
usted como de tantos otros, lo ha adquirido usted por medio de sus su-
frimientos en sus manos. Eso nos es tanto más precioso, cuanto que él
mismo no tiene conocimiento de ello, y, para guardarse él mismo, evita
poder tener conocimiento de nuestras andanzas. Sin embargo, nosotros no
somos egoístas, y creemos que Dios está con nosotros durante toda esta
oscuridad y todas estas horas terribles. Debemos seguirlo, y no vamos a
fallar; incluso si nos ponemos en peligro de volvernos como él. Amigo
John, ésta ha sido una hora magnífica; y hemos ganado mucho terreno en
nuestro caso. Debe usted hacerse escriba y ponerlo todo por escrito, para
que cuando lleguen los demás puedan leerlo y saber lo que nosotros sabe-
mos.
Por consiguiente, he escrito todo esto mientras esperamos el re-
greso de nuestros amigos, y la señora Harker lo ha escrito todo con su
máquina, desde que nos trajo los manuscritos.




349

349