Bram Stoker


momento pudimos sentir su poderosa influencia, nos consoló mucho; y el
silencio que precedía a la pérdida de libertad espiritual de la señora Harker,
no nos pareció tan lleno de desesperación como todos nosotros habíamos
temido.

Del diario de Jonathan Harker
15 de octubre, en Varna. Salimos de Charing Cross por la mañana
del día doce, llegamos a París durante la misma noche y ocupamos las pla-
zas que habíamos reservado en el Orient Express. Viajamos día y noche y
llegamos aquí aproximadamente a las cinco. Lord Godalming fue al con-
sulado, para ver si le había llegado algún telegrama, mientras el resto de
nosotros vinimos a este hotel..., "el Odessus". El viaje pudo haber resul-
tado atractivo; sin embargo, estaba demasiado ansioso para preocuparme
de ello. Hasta el momento en que el Czarina Catherine llegue al puerto no
habrá nada en todo el mundo que me interese en absoluto. ¡Gracias a
Dios!, Mina está bien y parece estar recuperando sus fuerzas; está recuper-
ando otra vez el color. Duerme mucho. Durante el día, duerme casi todo el
tiempo. Sin embargo, antes de la salida y de la puesta del sol, se encuentra
muy despierta y alerta, y se ha convertido en una costumbre para van Hel-
sing hipnotizarla en esos momentos. Al principio, era preciso cierto es-
fuerzo y necesitaba hacer muchos pases, pero ahora, ella parece responder
en seguida, como por costumbre, y apenas si se necesita alguna acción. El
profesor parece tener poder en esos momentos particulares; le basta con
quererlo, y los pensamientos de mi esposa le obedecen. Siempre le
pregunta qué puede ver y oír. A la primera pregunta, Mina responde:
-Nada; todo está oscuro. Y a la segunda:
-Oigo las olas que se estrellan contra los costados del navío y el
ruido característico del agua. Las velas y las cuerdas se tensan y los
mástiles y planchas crujen. El viento es fuerte... Lo oigo sobre la cubierta,
y la espuma que levanta la popa cae sobre el puente.
Es evidente que el Czarina Catherine se encuentra todavía en el
mar, apresurándose a recorrer la distancia que lo separa de Varna. Lord
Godalming acaba de regresar. Tiene cuatro telegramas, uno para cada uno
de los cuatro días transcurridos y todos para el mismo efecto: el de asegu-
rarse de que el Czarina Catherine no le había sido señalado al Lloyd's de
ninguna parte. Había tomado disposiciones para que el agente le enviara un
telegrama diario, indicándole si el navío había sido señalado. Tenía que
recibir un mensaje cada día, incluso en el caso de que no hubiera noticia
alguna del barco, para que pudiera estar seguro de que montaban la
guardia realmente al otro lado de la línea telegráfica.

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