DON QUIJOTE DE LA MANCHA 71

--Así será --respondió el barbero--; pero, ¿qué haremos de estos peque-
ños libros que quedan?
--Estos --dijo el cura--, no deben de ser de caballerías, sino de poesía.
Y, abriendo uno, vio que era La Diana de Jorge de Montemayor, y dijo, cre-
yendo que todos los demás eran del mismo género:
--Estos no merecen ser quemados como los demás, porque no hacen ni
harán el daño que los de caballerías han hecho; que son libros de entendi-
miento 16, sin perjuicio de tercero.
--¡Ay, señor! --dijo la sobrina--, bien los puede vuestra merced mandar
quemar como a los demás, porque no sería mucho que, habiendo sanado mi
señor tío de la enfermedad caballeresca, leyendo estos se le antojase de hacer-
se pastor y andarse por los bosques y prados cantando y tañendo17 , y, lo que
sería peor, hacerse poeta, que, según dicen, es enfermedad incurable y pega-
diza.
--Verdad dice esta doncella --dijo el cura--, y será bien quitarle a nuestro
amigo este tropiezo y ocasión delante. Y pues comenzamos por La Diana de
Montemayor, soy de parecer que no se queme, sino que se le quite todo aque-
llo que trata de la sabia Felicia y de la agua encantada, y casi todos los versos
mayores, y quédesele en hora buena la prosa y la honra de ser primero en
semejantes libros.
--Este que se sigue --dijo el barbero--, es La Diana, llamada segunda, del
Salmantino, y este, otro que tiene el mismo nombre, cuyo autor es Gil Polo.
--Pues la del Salmantino --respondió el cura-- acompañe y acreciente el
numero de los condenados al corral, y la de Gil Polo se guarde como si fuera
del mismo Apolo; y pase adelante, señor compadre, y démonos prisa, que se
va haciendo tarde.
--Este libro es --dijo el barbero abriendo otro-- Los diez libros de Fortuna
de Amor, compuestos por Antonio de Lofraso, poeta sardo.
--Por las órdenes que recibí --dijo el cura--, que, desde que Apolo fue
Apolo y las musas musas y los poetas poetas, tan gracioso ni tan disparatado
libro como ese no se ha compuesto, y que, por su camino, es el mejor y el más
único de cuantos de este género han salido a la luz del mundo; y el que no le
ha leído puede hacer cuenta que no ha leído jamás cosa de gusto. Dádmele
acá, compadre; que precio más haberle hallado que si me dieran una sotana de
raja de Florencia.
Púsole aparte con grandísimo gusto, y el barbero prosiguió diciendo:
--Estos que se siguen son: El Pastor de Iberia, Ninfas de Henares y
Desengaños de celos.
--Pues no hay más que hacer --dijo el cura--, sino entregarlos al brazo
seglar del ama, y no se me pregunte el por qué, que sería nunca acabar.
--Este que viene es El Pastor de Fílida.
--No es ése pastor --dijo el cura--, sino muy discreto cortesano; guárde-
se como joya preciosa.
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16 Quizá debiera corregirse «de entretenimiento».
17 Esto es justamente lo que resolverá hacer don Quijote en la Segunda parte, una vez
derrotado en la playa de Barcelona. Por tanto, esa solución de hacerse pastor ya
gravitaba en la mente de Cervantes cuando escribió este capítulo.

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