DON QUIJOTE DE LA MANCHA 621
comenzaron a cantar en su lengua lo que Sancho no pudo entender, si no fue
una palabra que claramente pronunciaba limosna, por donde entendió, que
era limosna la que en su canto pedían; y como él, según dice Cide Hamete, era
caritativo a demás, sacó de sus alforjas medio pan y medio queso, de que venia
proveído, y dióselo, diciéndoles por señas que no tenía otra cosa que darles.
Ellos lo recibieron de muy buena gana y dijeron: ¡guelte, guelte! 201.
--No entiendo --respondió Sancho--, qué es lo que me pedís, buena
gente.
Entonces uno de ellos sacó una bolsa del seno, y mostrósela a Sancho, por
donde entendió que le pedían dineros, y él, poniéndose el dedo pulgar en la
garganta, y estendiendo la mano arriba, les dio a entender que no tenía ostu-
go de moneda, y, picando al rucio, rompió por ellos; y al pasar, habiéndole
estado mirando uno dellos con mucha atención, arremetió a él, echándole los
brazos por la cintura, en voz alta y muy castellana dijo:
--¡Válame Dios! ¿Qué es lo que veo? ¿Es posible que tengo en mis brazos
al mi caro amigo, al mi buen vecino Sancho Panza? Sí tengo, sin duda, porque
yo ni duermo, ni estoy ahora borracho.
Admirose Sancho de verse nombrar por su nombre, y de verse abrazar del
estranjero peregrino, y después de haberle estado mirando, sin hablar palabra,
con mucha atención, nunca pudo conocerle; pero viendo su suspensión el
peregrino, le dijo:
--¿Cómo y es posible, Sancho Panza hermano, que no conoces a tu veci-
no Ricote el morisco, tendero de tu lugar?
Entonces Sancho le miró con más atención, y comenzó a rafigurarle, y,
finalmente, le vino a conocer de todo punto, y, sin, apearse del jumento, le
echó los brazos al cuello y le dijo:
--¿Quién diablos te había de conocer, Ricote, en ese traje de moharracho
que traes? Dime: ¿quién te ha hecho franchote, y cómo tienes atrevimiento de
volver a España donde, si te cogen y conocen, tendrás harta mala ventura?
--Si tú no me descubres, Sancho --respondió el peregrino--, seguro
estoy; que en este traje no habrá nadie que me conozca; y apartémonos del
camino a aquella alameda que allí parece, donde quieren comer y reposar mis
compañeros, y allí comerás con ellos, que son muy apacible gente. Yo tendré
lugar de contarte lo que me ha sucedido después que me partí de nuestro
lugar, por obedecer el bando202 de su Majestad, que con tanto rigor a los des-
dichados de mi nación amenazaba, según oíste.
Hízolo así Sancho, y, hablando Ricote a los demás peregrinos, se apartaron
a la alameda, que se parecía, bien desviados del camino real. Arrojaron los bor-
dones, quitáronse las mucetas o esclavinas y quedaron en pelota 203, y todos
ellos eran mozos, y muy gentiles hombres, excepto Ricote, que ya era hombre
entrado en años. Todos traían alforjas, y todas, según pareció, venían bien pro-
veídas, a lo menos, de cosas incitativas y que llaman a la sed de dos leguas.
Tendiéronse en el suelo, y, haciendo manteles de las yerbas, pusieron sobre
ellas pan, sal, cuchillos, nueces, rajas de queso, huesos mondos de jamón, que
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201 «Dinero, dinero».
202 Los moriscos fueron expulsados de Castilla en el año 1610 por un bando de Felipe
III, como nos lo explicará el propio Ricote en el capítulo LXVI.
203 En pellote, en calzas y jubón.
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