DON QUIJOTE DE LA MANCHA 9
Desde el momento mismo de su publicación, y sin pausa a lo largo de vein-
te generaciones, una marea de lectores se ha deleitado y conmovido con las
aventuras del ingenioso hidalgo, y miles de artistas e intelectuales han encon-
trado en sus páginas una fuente de inspiración para sus obras, porque don
Quijote constituye un referente universal para todos los hombres, cualquiera
que sea su origen y cultura.
El extravagante héroe de la Mancha es arquetipo que transciende todas las
nacionalidades y fronteras y se erige en símbolo de la condición humana, atra-
pada entre la aplastante realidad y un alado afán de ideales inalcanzables.
Como afirma Martín de Riquer: "toda novela está montada, precisamente,
en el contraste entre el ensueño caballeresco literario y la vida real". Y Américo
Castro señala: "Si hay en Cervantes una preocupación máxima, sería la de
expresar literariamente el contraste entre las imaginaciones extraordinarias y
fantásticas y la experiencia común y usual".
Pero de lo que inicialmente Cervantes concibió como una risueña parodia
de los libros de caballerías, su genio acabó convirtiendo en una lúcida ilustra-
ción del hombre y sus aspiraciones de perfección en un mundo tristemente
imperfecto. Como quería Stendhal, la novela de Cervantes es un espejo a lo
largo del camino, pero un espejo donde se refleja, no ya la España del XVI-XVII,
sino el mundo entero en su desnudez múltiple y grandiosa. El trocar de ventas
por palacios es prestidigitación de un alma que no se resigna a las groseras
leyes del realismo, y el platónico amor por Dulcinea es el mismo, puro e ideal,
que un día acabamos dejando atrás, si bien nunca conseguimos olvidar del
todo.
Castilla-La Mancha, al conmemorar el IV Centenario de la Primera Edición
del Quijote, quiere emprender una gran aventura colectiva. La conquista del
futuro relacionando el desarrollo con el conocimiento. En nuestra tierra tene-
mos un gran sentido común, ese sentido de Sancho que le hace sabio, juez
ecuánime y gobernador inteligente. Y tenemos la actividad vital, aventurera y
ensoñadora del Quijote, que le hace recorrer rutas enderezando entuertos, tra-
tando de conseguir un mundo mejor. Definitivamente, hemos dejado atrás la
resignación y la desconfianza paralizante, la mezquindad del ventero verdade-
ro contrapunto del Quijote- que no se atreve a soñar ni a intentar las aventu-
ras. Ahora, los castellano-manchegos, no tenemos miedo de despegar, no
tenemos pánico a volar.
En un l ugar de l a h ist or ia
E n un l uga r de l a h ist or ia
1605-2005. Cuatrocientos años y más vigencia que nunca. Porque es un
clásico. Una obra maestra que ha vencido al tiempo incorporándose al bagaje
inmortal de la humanidad (¡Qué viejo el periódico de ayer, que actual este libro
escrito en 1605!). Es la diferencia entre lo que tiene sólo interés inmediato, ins-
tantáneo y caduco, y lo que permanece en el tiempo.
Sin embargo, hay que entender el Quijote en su época, la decadencia espa-
ñola del siglo XVII, en pleno apogeo del irrealismo que corresponde a los plan-
teamientos cada vez más atrasados de la sociedad y de la economía españolas,
inadaptadas a un tiempo que cambiaba y en el que, como escribió Pierre Vilar,
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