DON QUIJOTE DE LA MANCHA 611

dicho; y yo escogí al mozo para mi yerno; hoy los dos pondremos en plá-
tica nuestros pensamientos con el padre de entrambos, que es un tal Diego
de la Llana, hidalgo y cristiano viejo cuanto se quiere.
Yo visito las plazas como vuesa merced me lo aconseja, y ayer hallé
una tendera que vendía avellanas nuevas, y averigüele que había mezcla-
do con una hanega de avellanas nuevas otra de viejas, vanas y podridas;
apliquelas todas para los niños de la doctrina, que las sabrían bien distin-
guir, y sentenciela que por quince días no entrase en la plaza. Hanme
dicho que lo hice valerosamente; lo que sé decir a vuesa merced es que es
fama en este pueblo que no hay gente más mala que las placeras, porque
todas son desvergonzadas, desalmadas y atrevidas, y yo así lo creo por las
que he visto en otros pueblos.
De que mi señora la duquesa haya escrito a mi mujer Teresa Panza y
enviádole el presente que vuesa merced dice, estoy muy satisfecho, y pro-
curaré de mostrarme agradecido a su tiempo: bésele vuesa merced las
manos de mi parte, diciendo que digo yo que no lo ha echado en saco
roto, como lo verá por la obra. No querría que vuesa merced tuviese tra-
bacuentas de disgusto con esos mis señores, porque si vuesa merced se
enoja con ellos, claro está que ha de redundar en mi daño, y no será bien
que, pues se me da a mí por consejo que sea agradecido, que vuesa mer-
ced no lo sea con quien tantas mercedes le tiene hechas y con tanto rega-
lo ha sido tratado en su castillo.
Aquello del gateado no entiendo, pero imagino que debe de ser algu-
na de las malas fechorías que con vuesa merced suelen usar los malos
encantadores; yo lo sabré cuando nos veamos. Quisiera enviarle a vuesa
merced alguna cosa, pero no sé qué envíe, si no es algunos cañutos de
jeringas, que para con vejigas los hacen en esta ínsula muy curiosos, aun-
que, si me dura el oficio, yo buscaré qué enviar de haldas o de mangas. Si
me escribiere mi mujer Teresa Panza, pague vuesa merced el porte y enví-
eme la carta; que tengo grandísimo deseo de saber del estado de mi casa,
de mi mujer y de mis hijos. Y, con esto, Dios libre a vuesa merced de mal
intencionados encantadores y a mí me saque con bien y en paz deste
gobierno, que lo dudo, porque le pienso dejar con la vida, según me trata
el doctor Pedro Recio.

Criado de vuesa merced,
SANCHO PANZA EL GOBERNADOR.

Cerró la carta el secretario y despachó luego al correo, y, juntándose los
burladores de Sancho, dieron orden entre sí cómo despacharle del gobierno; y
aquella tarde la pasó Sancho en hacer algunas ordenanzas tocantes al buen
gobierno de la que él imaginaba ser ínsula; y ordenó que no hubiese regatones
de los bastimentos en la republica; y que pudiesen meter en ella vino de las par-
tes que quisiesen, con aditamento que declarasen el lugar de donde era, para
ponerle el precio según su estimación, bondad y fama; y el que lo aguase o le
mudase el nombre, perdiese la vida por ello. Moderó el precio de todo calza-
do, principalmente el de los zapatos, por parecerle que corría con exorbitancia.
Puso tasa en los salarios de los criados, que caminaban a rienda suelta por el

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