MIGUEL DE CERVANTES
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CAPITUL O VI
CAPITUL O V I
Del donoso y grande escrutinio que el cura y el barbero hicieron
en la librería de nuestro ingenioso hidalgo
El cual aún todavía dormía. Pidió las llaves a la sobrina del aposento donde
estaban los libros autores del daño, y ella se las dio de muy buena gana; entra-
ron dentro todos, y la ama con ellos, y hallaron más de cien cuerpos de libros
grandes muy bien encuadernados, y otros pequeños; y, así como el ama los vio,
volviose a salir del aposento con gran prisa y tornó luego con una escudilla de
agua bendita y un hisopo, y dijo:
--Tome vuestra merced, señor licenciado; rocíe este aposento, no esté
aquí algún encantador de los muchos que tienen estos libros y nos encanten,
en pena de las que les queremos dar echándolos del mundo.
Causó risa al licenciado la simplicidad del ama, y mandó al barbero que le
fuese dando de aquellos libros, uno a uno, para ver de qué trataban, pues
podía ser hallar algunos que no mereciesen castigo de fuego.
--No --dijo la sobrina--, no hay para qué perdonar a ninguno, porque
todos han sido los dañadores; mejor será arrojarlos por las ventanas al patio y
hacer un rimero de ellos y pegarles fuego, y, si no, llevarlos al corral, y allí se
hará la hoguera, y no ofenderá el humo.
Lo mismo dijo el ama: tal era la gana que las dos tenían de la muerte de
aquellos inocentes; mas el cura no vino en ello sin primero leer siquiera los títu-
los. Y el primero que maese Nicolás le dio en las manos fue Los cuatro de
Amadís de Gaula, y dijo el cura:
--Parece cosa de misterio esta, porque, según he oído decir, este libro fue
el primero de caballerías que se imprimió en España, y todos los demás han
tomado principio y origen de este, y así me parece que, como a dogmatizador
de una secta tan mala, le debemos sin excusa alguna condenar al fuego.
--No señor --dijo el barbero--, que también he oído decir que es el mejor
de todos los libros que de este género se han compuesto, y así, como a único
en su arte, se debe perdonar.
--Así es verdad --dijo el cura--, y por esa razón se le otorga la vida por
ahora. Veamos esotro que está junto a él.
15
--Es --dijo el barbero-- Las Sergas de Esplandián15, hijo legítimo de
Amadís de Gaula.
--Pues en verdad --dijo el cura-- que no le ha de valer al hijo la bondad
del padre. Tomad, señora ama, abrid esa ventana y echadle al corral, y dé prin-
cipio al montón de la hoguera que se ha de hacer.
Hízolo así el ama con mucho contento, y el bueno de Esplandián fue volan-
do al corral, esperando con toda paciencia el fuego que le amenazaba.
--Adelante --dijo el cura.
--Este que viene --dijo el barbero--, es Amadís de Grecia, y aun todos los
de este lado, a lo que creo, son del mismo linaje de Amadís.
--Pues vayan todos al corral --dijo el cura--; que a trueco de quemar a la
reina Pintiquiniestra y al pastor Darinel y a sus églogas, y a las endiabladas y
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15 Sergas significa «hazañas».
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