DON QUIJOTE DE LA MANCHA 601


CAPÍTUL O L
CAPÍTUL O L

Donde se declara quién fueron los encantadores y verdugos
que azotaron a la dueña y pellizcaron y arañaron a don Quijote,
con el suceso que tuvo el paje que llevó la carta a Teresa Sancha, mujer de
Sancho Panza

Dice Cide Hamete, puntualísimo escudriñador de los átomos desta verda-
dera historia, que, al tiempo que doña Rodríguez salió de su aposento para ir
a la estancia de don Quijote, otra dueña que con ella dormía lo sintió, y que
como todas las dueñas son amigas de saber, entender y oler, se fue tras ella
con tanto silencio que la buena Rodríguez no lo echó de ver, y así, como la
dueña la vio entrar en la estancia de don Quijote, por que no faltase en ella la
general costumbre que todas las dueñas tienen de ser chismosas, al momento
lo fue a poner en pico a su señora la duquesa, de cómo doña Rodríguez que-
daba en el aposento de don Quijote; la duquesa se lo dijo al duque y le pidió
licencia para que ella y Altisidora viniesen a ver lo que aquella dueña quería con
don Quijote. El duque se la dio, y las dos, con gran tiento y sosiego, paso ante
paso, llegaron a ponerse junto a la puerta del aposento, y tan cerca, que oían
todo lo que dentro hablaban, y cuando oyó la duquesa que Rodríguez había
echado en la calle el Aranjuez de sus fuentes, no lo pudo sufrir, ni menos
Altisidora, y así, llenas de cólera y deseosas de venganza, entraron de golpe en
el aposento y acrebillaron a don Quijote y vapularon a la dueña del modo que
queda contado; porque las afrentas que van derechas contra la hermosura y
presunción de las mujeres, despierta en ellas en gran manera la ira, y enciende
el deseo de vengarse.
Contó la duquesa al duque lo que le había pasado, de lo que se holgó
mucho; y la duquesa, prosiguiendo con su intención de burlarse y recibir pasa-
tiempo con don Quijote, despachó al paje que había hecho la figura de
Dulcinea en el concierto de su desencanto (que tenía bien olvidado Sancho
Panza con la ocupación de su gobierno) a Teresa Panza su mujer, con la carta
de su marido y con otra suya, y con una gran sarta de corales ricos presenta-
dos.
Dice, pues, la historia, que el paje era muy discreto y agudo, y, con deseo
de servir a sus señores, partió de muy buena gana al lugar de Sancho, y, antes
de entrar en él, vio en un arroyo estar lavando cantidad de mujeres, a quien
preguntó si le sabrían decir si en aquel lugar vivía una mujer llamada Teresa
Panza, mujer de un cierto Sancho Panza, escudero de un caballero llamado don
Quijote de la Mancha, a cuya pregunta se levantó en pie una mozuela que esta-
ba lavando, y dijo:
--Esa Teresa Panza es mi madre, y ese tal Sancho mi señor padre, y el tal
caballero nuestro amo.
--Pues venid, doncella --dijo el paje--, y mostradme a vuestra madre, por-
que le traigo una carta y un presente del tal vuestro padre.
--Eso haré yo de muy buena gana, señor mío --respondió la moza, que
mostraba ser de edad de catorce años, poco más a menos; y, dejando la ropa
que lavaba a otra compañera, sin tocarse ni calzarse, que estaba en piernas y
desgreñada, saltó delante de la cabalgadura del paje, y dijo:

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