DON QUIJOTE DE LA MANCHA 581
y el estar siempre ocupada
ser antídoto al veneno
de las amorosas ansias.
Las doncellas recogidas
que aspiran a ser casadas...
la honestidad es la dote
y voz de sus alabanzas.
Los andantes caballeros
y los que en la Corte andan
requiébranse con las libres;
con las honestas se casan.
Hay amores de Levante,
que entre huéspedes se tratan,
que llegan presto al Poniente,
porque en el partirse acaban.
El amor recién venido
que hoy llegó, y se va mañana,
las imagines no deja
bien impresas en el alma.
Pintura sobre pintura,
ni se muestra ni señala;
y do hay primera belleza,
la segunda no hace baza.
Dulcinea del Toboso
del alma en la tabla rasa
tengo pintada, de modo
que es imposible borrarla.
La firmeza en los amantes
es la parte más preciada,
por quien hace Amor milagros,
y asimesmo los levanta.
Aquí llegaba don Quijote de su canto, a quien estaban escuchando el
duque y la duquesa, Altisidora y casi toda la gente del castillo, cuando de
improviso, desde encima de un corredor que sobre la reja de don Quijote a
plomo caía, descolgaron un cordel donde venían más de cien cencerros asidos,
y luego tras ellos derramaron un gran saco de gatos, que asimismo traían cen-
cerros menores atados a las colas. Fue tan grande el ruido de los cencerros y el
mayar de los gatos que, aunque los duques habían sido inventores de la burla,
todavía les sobresaltó y, temeroso don Quijote, quedó pasmado; y quiso la
suerte que dos o tres gatos se entraron por la reja de su estancia y, dando de
una parte a otra, parecía que una región de diablos andaba en ella. Apagaron
las velas que en el aposento ardían, y andaban buscando por do escaparse; el
descolgar y subir del cordel de los grandes cencerros no cesaba; la mayor parte
de la gente del castillo, que no sabía la verdad del caso, estaba suspensa y
admirada.
Levantose don Quijote en pie y, poniendo mano a la espada, comenzó a
tirar estocadas por la reja y a decir a grandes voces:
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