MIGUEL DE CERVANTES
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y si le sacó el barbero sangre estando enfermo, vos en sanidad se la habéis
sacado; así que, por esta parte, no os debe nada.
--El daño está, señor caballero, en que no tengo aquí dineros; véngase
Andrés conmigo a mi casa, que yo se los pagaré un real sobre otro.
--¿Irme yo con él --dijo el muchacho-- más? ¡Mal año, no señor, ni por
pienso; porque, en viéndose solo, me desuelle como a un San Bartolomé!
--No hará tal --replicó don Quijote--; basta que yo se lo mande para que
me tenga respeto; y, con que él me lo jure por la ley de caballería que ha rece-
bido, le dejaré ir libre y aseguraré la paga.
--Mire vuestra merced, señor, lo que dice --dijo el muchacho--; que este
mi amo no es caballero, ni ha recebido orden de caballería alguna; que es Juan
Haldudo el rico, el vecino del Quintanar 13.
--Importa poco eso --respondió don Quijote--, que Haldudos puede
haber caballeros; cuanto más, que cada uno es hijo de sus obras.
--Así es verdad -- dijo Andrés--; pero este mi amo, ¿de qué obras es hijo,
pues me niega mi soldada, y mi sudor y trabajo?
--No niego, hermano Andrés --respondió el labrador--, y hacedme pla-
cer de veniros conmigo; que yo juro por todas las órdenes que de caballerías
hay en el mundo de pagaros, como tengo dicho, un real sobre otro, y aun
sahumados.
--Del sahumerio os hago gracia --dijo don Quijote--; dádselos en reales,
que con eso me contento, y mirad que lo cumpláis como lo habéis jurado; si
no, por el mismo juramento os juro de volver a buscaros y a castigaros, y que
os tengo de hallar aunque os escondáis más que una lagartija. Y, si queréis
saber quien os manda esto para quedar con más veras obligado a cumplirlo,
sabed que yo soy el valeroso don Quijote de la Mancha, el desfacedor de agra-
vios y sinrazones, y a Dios quedad; y no se os parta de las mientes lo prometi-
do y jurado, so pena de la pena pronunciada.
Y, en diciendo esto, picó a su Rocinante y en breve espacio se apartó de
ellos. Siguiole el labrador con los ojos y, cuando vio que había traspuesto del
bosque y que ya no parecía, volviose a su criado Andrés, y díjole:
--Venid acá, hijo mío, que os quiero pagar lo que os debo, como aquel
deshacedor de agravios me dejó mandado.
--Eso juro yo --dijo Andrés--; y ¡cómo que andará vuestra merced acer-
tado en cumplir el mandamiento de aquel buen caballero, que mil años viva;
que, según es de valeroso y de buen juez, vive Roque que, si no me paga, que
vuelva y ejecute lo que dijo!
--También lo juro yo --dijo el labrador--, pero, por lo mucho que os quie-
ro, quiero acrecentar la deuda por acrecentar la paga.
Y, asiéndole del brazo, le tornó a atar a la encina, donde le dio tantos azo-
tes que le dejó por muerto.
--Llamad, señor Andrés, ahora --decía el labrador-- al desfacedor de
agravios; veréis como no desface aqueste, aunque creo que no está acabado
de hacer, porque me viene gana de desollaros vivo como vos temíades.
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13 Quintanar de la Orden, en la provincia de Toledo, que aparece también en el Persiles
cervantino. El «lugar de la Mancha», patria de don Quijote, debía de estar, pues,
cerca de este pueblo.

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