DON QUIJOTE DE LA MANCHA 491

que gane de comer, y después que esté rico le dará su alma, que es lo que este
universal enemigo pretende; y háceme creer esto el ver que el mono no res-
ponde sino a las cosas pasadas o presentes, y la sabiduría del diablo no se
puede estender a más, que las por venir no las sabe, si no es por conjeturas y
no todas veces; que a sólo Dios está reservado conocer los tiempos y los
momentos y para Él no hay pasado ni porvenir, que todo es presente; y siendo
esto así, como lo es, está claro que este mono habla con el estilo del diablo, y
estoy maravillado como no le han acusado al Santo Oficio, y examinándole, y
sacado de cuajo en virtud de quién adivina; porque cierto está que este mono
no es astrólogo, ni su amo ni él alzan, ni saben alzar estas figuras que llaman
judiciarias, que tanto ahora se usan en España, que no hay mujercilla ni paje ni
zapatero de viejo que no presuma de alzar una figura, como si fuera una sota
de naipes del suelo, echando a perder con sus mentiras e ignorancias la verdad
maravillosa de la ciencia. De una señora sé yo, que preguntó a uno destos figu-
reros que si una perrilla de falda pequeña que tenía si se empreñaría y pariría,
y cuántos y de qué color serían los perros que pariese; a lo que el señor judi-
ciario, después de haber alzado la figura, respondió que la perrica se empreña-
ría y pariría tres perricos, el uno verde, el otro encarnado y el otro de mezcla,
con tal condición que la tal perra se cubriese entre las once y doce del día o de
la noche, y que fuese en lunes o en sábado; y lo que sucedió fue que de allí a
dos días se murió la perra de ahíta, y el señor levantador quedó acreditado en
el lugar por acertadísimo judiciario, como lo quedan todos o los más levanta-
dores.
--Con todo eso querría --dijo Sancho-- que vuestra merced dijese a
maese Pedro preguntase a su mono si es verdad lo que a vuestra merced le
pasó en la cueva de Montesinos; que yo para mí tengo, con perdón de vuestra
merced, que todo fue embeleco y mentira, o, por lo menos, cosas soñadas.
--Todo podría ser --respondió don Quijote--; pero yo haré lo que me
aconsejas, puesto que me ha de quedar un no sé qué de escrúpulo.
Estando en esto, llegó maese Pedro a buscar a don Quijote y decirle que
ya estaba en orden el retablo, que su merced viniese a verle porque lo merecía;
don Quijote le comunicó su pensamiento y le rogó preguntase luego a su mono
le dijese si ciertas cosas que había pasado en la cueva de Montesinos habían
sido soñadas o verdaderas, porque a él le parecía que tenían de todo. A lo que
maese Pedro, sin responder palabra, volvió a traer el mono, y puesto delante
de don Quijote y de Sancho, dijo:
--Mirad, señor mono, que este caballero quiere saber si ciertas cosas que
le pasaron en una cueva llamada de Montesinos si fueron falsas o verdaderas.
Y, haciéndole la acostumbrada señal, el mono se le subió en el hombro
izquierdo, y hablándole al parecer en el oído, dijo luego maese Pedro:
--El mono dice que parte de las cosas que vuesa merced vio o pasó en la
dicha cueva son falsas, y parte verisímiles, y que esto es lo que sabe y no otra
cosa, en cuanto a esta pregunta; y que, si vuesa merced quiere saber más, que
el viernes venidero responderá a todo lo que se le preguntare; que por ahora
se le ha acabado la virtud, que no le vendrá hasta el viernes, como dicho tiene.
--¿No lo decía yo --dijo Sancho--, que no se me podía asentar que todo
lo que vuesa merced, señor mío, ha dicho de los acontecimientos de la cueva
era verdad, ni aun la mitad?

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