DON QUIJOTE DE LA MANCHA 451

cielo le saque dél, y le dé a entender cuán provechosos y cuán necesarios fue-
ron al mundo los caballeros andantes en los pasados siglos, y cuán útiles fue-
ran en el presente, si se usaran; pero triunfan ahora, por pecados de las gen-
tes, la pereza, la ociosidad, la gula y el regalo.
--Escapado se nos ha nuestro huésped --dijo a esta sazón entre sí don
Lorenzo--; pero con todo eso, él es loco bizarro, y yo sería mentecato flojo si
así no lo creyese.
Aquí dieron fin a su plática, porque los llamaron a comer. Preguntó don
Diego a su hijo qué había sacado en limpio del ingenio del huésped, a lo que
él respondió:
--No le sacarán del borrador de su locura cuantos médicos y buenos escri-
banos tiene el mundo; él es un entreverado loco, lleno de lúcidos intervalos.
Fuéronse a comer, y la comida fue tal como don Diego había dicho en el
camino que la solía dar a sus convidados: limpia, abundante y sabrosa; pero de
lo que más se contentó don Quijote fue del maravilloso silencio que en toda la
casa había, que semejaba un monasterio de cartujos. Levantados, pues, los
manteles y dadas gracias a Dios, y agua a las manos, don Quijote pidió ahinca-
damente a don Lorenzo, dijese los versos de la justa literaria. A lo que él res-
pondió que, por no parecer de aquellos poetas que cuando les ruegan digan
sus versos los niegan y cuando no se los piden los vomitan, «yo diré mi glosa,
de la cual no espero premio alguno; que sólo por ejercitar el ingenio la he
hecho».
--Un amigo y discreto --respondió don Quijote--, era de parecer que no
se había de cansar nadie en glosar versos, y la razón, decía él, era que jamás la
glosa podía llegar al texto, y que muchas o las más veces iba la glosa fuera de
la intención y propósito de lo que pedía lo que se glosaba, y más que las leyes
de la glosa eran demasiadamente estrechas: que no sufrían interrogantes, ni
dijo, ni diré, ni hacer nombres de verbos, ni mudar el sentido, con otras atadu-
ras y estrechezas con que van atados los que glosan, como vuestra merced
debe de saber.
--Verdaderamente, señor don Quijote --dijo don Lorenzo--, que deseo
coger a vuestra merced en un mal latín continuado, y no puedo, porque se me
desliza de entre las manos como anguila.
--No entiendo --respondió don Quijote--, lo que vuestra merced dice ni
quiere decir en eso del deslizarme.
--Yo me daré a entender --respondió don Lorenzo--, y por ahora esté
vuesa merced atento a los versos glosados y a la glosa, que dicen desta
manera:

¡Si mi fue tornase a es,
sin esperar más será,
o viniese el tiempo ya
de lo que será después!121


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121 Estos versos glosados o mote no son de Cervantes. Fueron ya glosados por
Gregorio Silvestre.

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