MIGUEL DE CERVANTES
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AL LIBR O DE DO N Q UIJ O TE DE LA MANCHA
AL LI BR O DE DO N Q UIJ O TE DE LA MANCHA

URGANDA LA DESCONOCIDA

Si de llegarte a los bue-,
libro, fueres con letu-,
no te dirá el boquirru-
que no pones bien los de-.
Mas si el pan no se te cue-
por ir a manos de idio-,
verás, de manos a bo-,
aun no dar una en el cla-;
si bien se comen las ma-
por mostrar que son curio-.
Y, pues la espiriencia ense-
que el que a buen árbol se arri-
buena sombra le cobi-,
en Béjar tu buena estre-
un árbol real te ofre-
que da príncipes por fru-,
en el cual floreció un du-
que es nuevo Alejandro Ma-;
llega a su sombra: que a osa-
favorece la fortu-.
De un noble hidalgo manche-
contarás las aventu-,
a quien ociosas letu-
trastornaron la cabe-.
Damas, armas, caballe-
le provocaron de mo-
que, cual Orlando furio-,
templado a lo enamora-,
alcanzó a fuerza de bra-
a Dulcinea del Tobo-.
No indiscretos hierogli-
estampes en el escu-;
que, cuando es todo figu-,
con ruines puntos se envi-.
Si en la dirección te humi-,
no dirá mofante algu-:
«¡Qué don Álvaro de Lu-,
qué Aníbal el de Carta-,
qué rey Francisco en Espa-
se queja de la fortu-!»
Pues al cielo no le plu-
que salieses tan ladi-
como el negro Juan Lati-,
hablar latines rehu-.

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