MIGUEL DE CERVANTES
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es ansí, no te asalten la imaginación esos escrupulosos y melindrosos pensa-
mientos, sino asegúrate que Lotario te estima como tú le estimas a él, y vive
con contento y satisfación de que ya que caíste en el lazo amoroso, es el que
te aprieta de valor y de estima. Y que no sólo tiene las cuatro eses que dicen
que han de tener los buenos enamorados, sino todo un abecé entero; si no,
escúchame y verás como te le digo de coro. Él es, según yo veo y a mí me pare-
ce, agradecido, bueno, caballero, dadivoso, enamorado, firme, gallardo, hon-
rado, ilustre, leal, mozo, noble, honesto, principal, quantioso, rico; y las eses
que dicen51. Y luego, tácito, verdadero. La x no le cuadra, porque es letra áspe-
ra. La y ya está dicha. La z, zelador de tu honra.
Riose Camila del abecé de su doncella, y túvola por más plática en las cosas
de amor que ella decía. Y, así, lo confesó ella, descubriendo a Camila como tra-
taba amores con un mancebo bien nacido, de la mesma ciudad. De lo cual se
turbó Camila, temiendo que era aquel camino por donde su honra podía correr
riesgo. Apurola si pasaban sus pláticas a más que serlo. Ella, con poca ver-
güenza y mucha desenvoltura, le respondió que sí pasaban. Porque es cosa ya
cierta que los descuidos de las señoras quitan la vergüenza a las criadas, las
cuales, cuando ven a las amas echar traspiés, no se les da nada a ellas de coje-
ar, ni de que lo sepan.
No pudo hacer otra cosa Camila sino rogar a Leonela no dijese nada de su
hecho al que decía ser su amante, y que tratase sus cosas con secreto, porque
no viniesen a noticia de Anselmo ni de Lotario. Leonela respondió que así lo
haría; mas cumpliolo de manera, que hizo cierto el temor de Camila de que por
ella había de perder su crédito. Porque la deshonesta y atrevida Leonela, des-
pués que vio que el proceder de su ama no era el que solía, atreviose a entrar
y poner dentro de casa a su amante, confiada que, aunque su señora le viese,
no había de osar descubrille.
Que este daño acarrean, entre otros, los pecados de las señoras, que se
hacen esclavas de sus mesmas criadas, y se obligan a encubrirles sus desho-
nestidades y vilezas, como aconteció con Camila; que, aunque vio una y
muchas veces que su Leonela estaba con su galán en un aposento de su casa,
no sólo no la osaba reñir, mas dábale lugar a que lo encerrase, y quitábale
todos los estorbos para que no fuese visto de su marido. Pero no los pudo qui-
tar, que Lotario no le viese una vez salir, al romper del alba, el cual, sin cono-
cer quién era, pensó primero que debía de ser alguna fantasma. Mas cuando
le vio caminar, embozarse y encubrirse con cuidado y recato, cayó de su sim-
ple pensamiento y dio en otro, que fuera la perdición de todos, si Camila no lo
remediara. Pensó Lotario que aquel hombre que había visto salir tan a desho-
ra de casa de Anselmo no había entrado en ella por Leonela, ni aun se acordó
si Leonela era en el mundo. Sólo creyó que Camila, de la misma manera que
había sido fácil y ligera con él, lo era para otro; que estas añadiduras trae con-
sigo la maldad de la mujer mala, que pierde el crédito de su honra con el
mesmo a quien se entregó rogada y persuadida, y cree que con mayor facili-
dad se entrega a otros, y da infalible crédito a cualquiera sospecha que desto
le venga. Y no parece sino que le faltó a Lotario en este punto todo su buen
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51 La doncella expone las cualidades del enamorado en un abecé de amor, desde la a
a la z. Las cuatro eses del enamorado eran sabio, solo, solícito y secreto.

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