MIGUEL DE CERVANTES
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CUAR TA PARTE
CUAR TA PARTE
D EL ING EN IO SO HIDA LG O
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DO N Q UIJO TE DE
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L A MANCHA
L A MANCHA


CAPÍTULO XXVIII
CAPÍ TULO X XV I I I

Que trata de la nueva y agradable aventura que al cura y barbero
sucedió en la mesma sierra

Felicísimos y venturosos fueron los tiempos donde se echó al mundo el
audacísimo caballero don Quijote de la Mancha, pues por haber tenido tan
honrosa determinación como fue el querer resucitar y volver al mundo la ya
perdida y casi muerta orden de la andante caballería, gozamos ahora, en esta
nuestra edad, necesitada de alegres entretenimientos, no sólo de la dulzura de
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su verdadera historia, sino de los cuentos y episodios43 della, que, en parte, no
son menos agradables y artificiosos y verdaderos que la misma historia. La cual,
prosiguiendo su rastrillado, torcido y aspado hilo, cuenta que, así como el cura
comenzó a prevenirse para consolar a Cardenio, lo impidió una voz que llegó
a sus oídos, que, con tristes acentos, decía desta manera:
--¡Ay Dios! ¿Si será posible que he ya hallado lugar que pueda servir de
escondida sepultura a la carga pesada deste cuerpo, que tan contra mi volun-
tad sostengo? Sí será, si la soledad que prometen estas sierras no me miente.
¡Ay desdichada!, y cuán más agradable compañía harán estos riscos y malezas
a mi intención, pues me darán lugar para que con quejas comunique mi des-
gracia al cielo, que no la de ningún hombre humano, pues no hay ninguno en
la tierra de quien se pueda esperar consejo en las dudas, alivio en las quejas, ni
remedio en los males.
Todas estas razones oyeron y percibieron el cura y los que con él estaban;
y por parecerles, como ello era, que allí junto las decían, se levantaron a bus-
car el dueño, y no hubieron andado veinte pasos, cuando, detrás de un peñas-
co, vieron sentado al pie de un fresno a un mozo vestido como labrador, al
cual, por tener inclinado el rostro, a causa de que se lavaba los pies en el arro-
yo que por allí corría, no se le pudieron ver por entonces; y ellos llegaron con
tanto silencio que dél no fueron sentidos, ni él estaba a otra cosa atento que a
lavarse los pies, que eran tales, que no parecían sino dos pedazos de blanco
cristal que entre las otras piedras del arroyo se habían nacido. Suspendioles la
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43 Es una justificación de Cervantes por insertar en la historia de don Quijote cuentos
o «novellas», relatos cortos a la manera italiana, como la que venimos disfrutando
de Cardenio y Luscinda. Inmediatamente enlazaremos con la de Dorotea y don
Fernando, personajes que ya han aparecido en la novela anterior. Más adelante se
cuenta la historia del Cautivo, la de la hija del Oidor y el mozo de mulas, y la nove-
la exenta de El curioso impertinente. Cervantes está aprovechando para su Don
Quijote novelas escritas con anterioridad.

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