MIGUEL DE CERVANTES
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to literario, Garcilaso de la Vega y Juan de Valdés: huir de la afectación. La
afectación es el vicio vitando, el que hay que evitar. Y Cervantes, un hombre
del Renacimiento que escribe en pleno Barroco, lo expresó con total claridad
cuando Maese Pedro recomienda al muchacho que está relatando el romance
de Gaiferos y Melisendra, escenificado en el retablo de su nombre, que huya
de ella: «Llaneza, muchacho, no te encumbres, que toda afectación es mala»
(II. 26).
Por eso la lengua del Quijote es una lengua culta que se expresa con total
naturalidad y claridad. Cervantes nos contó la historia de don Quijote con una
lengua literaria cercana al habla. Su ideal de estilo se muestra a través de las
palabras de Sansón Carrasco:
--Eso no --respondió Sansón--; porque es tan clara, que no hay
cosa que dificultar en ella; los niños la manosean, los mozos la leen, los
hombres la entienden y los viejos la celebran, y, finalmente, es tan trillada
y tan leída, y tan sabida de todo genero de gentes, que apenas han visto
algún rocín flaco, cuando dicen: «Allí va Rocinante», y los que más se han
dado a su letura son los pajes. No hay antecámara de señor, donde no se
halle un Don Quijote; unos le toman, si otros le dejan; estos le embisten y
aquellos le piden; finalmente, la tal historia es del más gustoso y menos
perjudicial entretenimiento que hasta agora se haya visto; porque en toda
ella no se descubre, ni por semejas, una palabra deshonesta, ni un pensa-
miento menos que católico (II. 3).
Por eso vemos en Cervantes lo que para la mirada neoclásica y preceptista
del estupendo por otros motivos Clemencín eran descuidos y desaliños de su
prosa y no es sino el reflejo del habla cotidiana que entra a raudales en ella: la
frase «escribo como hablo» sigue siendo el ideal cervantino, como dijo en oca-
sión memorable Juan de Valdés. Así, Cervantes pudo escribir con total tranqui-
lidad: «[El cura] pidió las llaves a la sobrina del aposento», porque así es como
habla la gente, sin preocuparse de si el sintagma del aposento depende sintác-
ticamente y debería ir detrás de las llaves o de la sobrina. Los lectores saben
que los aposentos no tienen sobrinas pero sí llaves, y eso basta para captar el
sentido de la frase.
Mención especial merece el uso de la «fabla» arcaizante que emplea don
Quijote en los episodios en que quiere imitar el habla medieval de los caballe-
ros andantes. Por ejemplo cuando se dirige en su primera aventura a las mozas
del partido la Tolosa y la Molinera les dice: «Non fuyan las vuestras mercedes
ni teman desaguisado alguno, ca a la orden de caballería que profeso non toca
ni atañe facerle a ninguno, cuanto más a tan altas doncellas como vuestras pre-
sencias demuestran» (I. 2). Los personajes que interactúan con don Quijote
emplean también la «fabla», de manera irónica, para darle la replica al caballe-
ro, como en este caso Juan Haldudo el Rico, el vecino del Quintanar: «Llamad,
señor Andrés, ahora --decía el labrador-- al desfacedor de agravios; veréis
como no desface aqueste, aunque creo que no está acabado de hacer, porque
me viene gana de desollaros vivo como vos temíades» (I. 4). Se caracteriza este
modo de hablar por el empleo de f en lugar de h: fuyan, desfacedor, desfecho,
ferido; utiliza non en lugar de no: non fuyan, non fuyáis; palabras anticuadas
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