MIGUEL DE CERVANTES
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Agüero, natural de Tirteafuera, vela por la salud del gobernador y no le deja
probar ningún plato en medio de retahílas de aforismos médicos en latín maca-
rrónico. Sancho actúa con prudencia repartiendo justicia entre sus súbditos con
mucho sentido común, pero las burlas a que le someten le convencen de su
falta de idoneidad para el gobierno, de tal manera que lo abandona, pero, al ir
a reunirse con don Quijote, él y su jumento se precipitan en una fosa. Es una
alegoría de las caídas de príncipes y de la rueda de la Fortuna.
Mientras tanto don Quijote recibe de noche en su aposento la visita de una
dama. Él la confunde con la hija del señor del castillo que viene a disfrutar de
los encantos del caballero y no sabe cómo salir del apuro, porque tampoco está
muy seguro de la idoneidad de su ropa interior para una aventura amorosa;
pero resulta ser una atribulada dueña de venerables tocas, doña Rodríguez,
que es tan simple que cree que de verdad don Quijote es un «desfacedor de
agravios» y viene a que le desfaga uno a ella: su hija, la joven Rodríguez, ha
sido seducida y abandonada y está en un avanzado estado de preñez. El ofen-
sor no quiere casarse con ella. Es el momento en que don Quijote ayude a una
menesterosa. Se produce el desafío, pero los duques hacen que, en lugar del
ofensor, que se ha fugado, luche contra don Quijote el lacayo Tosilos y que este
lo venza. Pero el simpático Tosilos ve a la joven y preñada Rodríguez y se ena-
mora de ella, con lo que se deja derrotar por don Quijote para que lo casen con
la muchacha. Después conoceremos que los duques se han vengado de Tosilos
por no obedecerlos y le han degradado de lacayo a cartero.
Los acontecimientos históricos de la España contemporánea son reflejados
por Cervantes en esta Segunda parte con mayor profusión que en la primera,
como sucede con la expulsión de los moriscos, que se produjo mediante sen-
dos decretos reales de 1609 y de 1613. Así, Sancho se encuentra con el tende-
ro de su pueblo, Ricote el morisco (cap. 54), que está vestido de peregrino
acompañado de unos alemanotes; ha tenido que salir del país por la expulsión
y ha ido a Alemania, pero ahora ha regresado para volverse a ir con su familia
y con un tesoro que ha dejado escondido. Su salvoconducto para caminar por
España son unos huesos de jamón y una enorme bota de vino, prueba de su
no pertenencia a la raza maldita. La actitud de Cervantes ante el problema no
parece ser la oficial, porque hace decir a Ricote: «Dondequiera que estamos,
lloramos por España». Se expresa una solidaridad con el pueblo expulso, ya que
Cervantes destaca sólo los aspectos humanos del desarraigo. La historia se rea-
nudará, mas tarde en Barcelona, donde aparece la hija de Ricote, la bella moris-
ca Ana Félix, y un joven cristiano de su pueblo, don Gaspar Gregorio que, ena-
morado de la joven, ha preferido salir con ella al exilio superando las barreras
étnicas y religiosas, aunque Ana Félix, al contrario que su padre Ricote, se había
vuelto previamente cristiana.
Reunidos de nuevo caballero y escudero deciden abandonar a los duques
no sin recibir antes don Quijote la visita de Altisidora que finge estar enamora-
da de él. Cervantes no permite que se queden en la corte palatina de los
duques como bufones eutrapélicos y les da la libertad:

Cuando don Quijote se vio en la campaña rasa, libre y desembaraza-
do de los requiebros de Altisidora, le pareció que estaba en su centro y que

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