MIGUEL DE CERVANTES
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Rocinante, tendido junto a su amo, que también vino al suelo de otra pedrada;
Sancho en pelota y temeroso de la Santa Hermandad; don Quijote, mohinísi-
mo de verse tan malparado por los mismos a quien tanto bien había hecho.
C APÍTUL O XXII
C APÍTUL O X X I II
De lo que le aconteció al famoso don Quijote en Sierra Morena, que fue una
de las más raras aventuras que en esta verdadera historia se cuentan
Viéndose tan malparado don Quijote, dijo a su escudero:
--Siempre, Sancho, lo he oído decir, que el hacer bien a villanos es echar
agua en la mar. Si yo hubiera creído lo que me dijiste, yo hubiera escusado esta
pesadumbre; pero ya está hecho; paciencia, y escarmentar para desde aquí
adelante.
--Así escarmentará vuestra merced --respondió Sancho-- como yo soy
turco; pero, pues dice que, si me hubiera creído, se hubiera escusado este
daño, créame ahora y escusará otro mayor, porque le hago saber que con la
Santa Hermandad no hay usar de caballerías, que no se le da a ella por cuan-
tos caballeros andantes hay dos maravedís, y sepa que ya me parece que sus
saetas me zumban por los oídos.
--Naturalmente eres cobarde, Sancho --dijo don Quijote--; pero, porque
no digas que soy contumaz y que jamás hago lo que me aconsejas, por esta
vez quiero tomar tu consejo y apartarme de la furia que tanto temes; mas ha
de ser con una condición: que jamás, en vida ni en muerte, has de decir a nadie
que yo me retiré y aparté deste peligro de miedo, sino por complacer a tus rue-
gos; que, si otra cosa dijeres, mentirás en ello y, desde ahora para entonces y
desde entonces para ahora, te desmiento y digo que mientes y mentirás todas
las veces que lo pensares o lo dijeres. Y no me repliques más; que en solo pen-
sar que me aparto y retiro de algún peligro, especialmente deste que parece
que lleva algún es no es de sombra de miedo, estoy ya para quedarme y para
aguardar aquí solo, no solamente a la Santa Hermandad que dices y temes,
sino a los hermanos de los doce Tribus de Israel, y a los siete Macabeos, y a
Cástor y a Pólux, y aun a todos los hermanos y hermandades que hay en el
mundo.
--Señor --respondió Sancho--, que el retirar no es huir, ni el esperar es
cordura, cuando el peligro sobrepuja a la esperanza; y de sabios es guardarse
hoy para mañana, y no aventurarse todo en un día. Y sepa que, aunque zafio
y villano, todavía se me alcanza algo desto que llaman buen gobierno; así que
no se arrepienta de haber tomado mi consejo, sino suba en Rocinante si puede,
o, si no, yo le ayudaré, y sígame, que el caletre me dice que hemos menester
ahora más los pies que las manos.
Subió don Quijote sin replicarle más palabra y, guiando Sancho sobre su
asno, se entraron por una parte de Sierra Morena, que allí junto estaba, lle-
vando Sancho intención de atravesarla toda e ir a salir al Viso o a Almodóvar
del Campo y esconderse algunos días por aquellas asperezas, por no ser halla-
dos si la Hermandad los buscase. Animole a esto haber visto que de la refriega
de los galeotes se había escapado libre la despensa que sobre su asno venía,
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