MIGUEL DE CERVANTES
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El Qu ij ot e de 1615
E l Qu ij ot e de 1615



La acción de la Segunda parte del Quijote comienza cronológicamente un
mes después de la segunda vuelta de don Quijote a su casa. Hasta el capítulo
7 sólo hay diálogo: de don Quijote con el cura y el barbero, de don Quijote con
Sancho, de este con su mujer. Aparece un nuevo personaje que cobrará gran
importancia en la acción, el bachiller Sansón Carrasco, el trastulo (bufón) de las
escuelas salmantinas, un personaje carnavalesco y burlón, como lo son los cha-
tos y carirredondos, dice Cervantes.
De manera general podemos decir que todo el argumento de esta
Segunda parte se resume en la tercera salida de don Quijote y Sancho. Sansón
Carrasco, para curar a don Quijote de su locura, le anima a que haga una ter-
cera salida, con el fin de derrotarlo y obligarle, bajo juramento de caballero, a
quedarse definitivamente en su casa y a no salir más por esos mundos.
En el capítulo 5 hay un sabroso coloquio entre Sancho y su esposa en el
que este trata de convencerla de las ventajas de ser escudero de un caballero
andante. Después caballero y escudero salen de nuevo en busca de aventuras.
Antes de empezarlas don Quijote desea ver a Dulcinea y se encamina a El
Toboso (cap. 9), pero Sancho inventa un encantamiento haciendo creer a don
Quijote que Dulcinea es una labradora a quien encuentran en el camino mon-
tada en una borriquilla (cap. 10). Don Quijote está abrumado por la transfor-
mación de su dama, verdaderamente poco agraciada pero ágil como un alco-
tán, y agobia a Sancho preguntándole si está seguro de que la labradora es la
misma que él ha visto en El Toboso en la Primera parte de la obra. Sancho, pilla-
do en su mentira, no se atreve a acabar de mentir del todo y termina recono-
ciendo a don Quijote que él sólo la había visto «de oídas».
Luego acontece el encuentro con el caballero de los espejos y el escudero
de las narices (caps. 12-15). El primero no es otro que Sansón Carrasco que,
siguiendo su plan, va tras don Quijote para derrotarlo; el escudero es el tam-
bién paisano Tomé Cecial, que va disfrazado con unas narices de carnaval des-
mesuradas que tienen aterrorizado a Sancho. Se enfrentan, pero Sansón es
derrotado, con lo que su plan se va al garete y don Quijote queda reforzado en
su designio de seguir haciendo caballerías andantescas.
Después acontece la aventura con los leones y el encuentro con el
Caballero del verde gabán, que les invita cortésmente a su casa, donde les aga-
saja. Este se llama don Diego de Miranda, y es un hidalgo de pueblo que lleva
una vida moderada, semejante a como sería la de Alonso Quijano el Bueno si
su mente no estuviera sacudida por la quimera caballeresca. No parece que don
Quijote esté de acuerdo con esa vida pacífica de don Diego, que además tiene
un hijo poeta, el cual lee sus versos a un estusiasmado don Quijote que no cesa
de alabarlos.
Más tarde asisten a las bodas del rico Camacho (caps. 20-21), un breve epi-
sodio intercalado que ya no tiene el carácter de los de la primera parte. Los
nuevos episodios están más entretejidos con el hilo principal de la historia, de
tal manera que no se perciben como ajenos. Es un fragmento semipastoril que
plantea otro «caso de amor». El rico Camacho va a casarse con Quiteria, pero
esta ama al pobre Basilio y es amada por él. Basilio finge su suicidio y pide antes
de morir como última voluntad que le casen con Quiteria. Camacho no está de

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