MIGUEL DE CERVANTES
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Los cuales sin embargo no terminan: se sucede la aventura con unos yan-
güeses conductores de unas yeguas, con las que al malhadado Rocinante, en
la única ocasión en que tiene un pensamiento no casto, se le ocurre la mala
idea de refocilarse. Las consecuencias son de nuevo el apedreamiento de caba-
llo, asno, caballero y escudero. Como pueden, llegan a una venta donde don
Quijote fabrica el bálsamo de Fierabrás (que Sancho llama del Feo Blas), para
curar las heridas. Después de ser aporreados por un arriero, por Maritornes y
por un cuadrillero de la Santa Hermandad, Sancho termina siendo manteado
por quererse ir sin pagar de la venta.
Con alivio se alejan de la misma y se suceden la aventura de los rebaños
de ovejas que toma don Quijote por ejércitos (cap. 18), la del cuerpo muerto,
el episodio de los batanes, el de la rica ganancia del yelmo de Mambrino y el
de la liberación de los galeotes (cap. 22).
Este es uno de los momentos de inflexión más importante de la Primera
parte. Don Quijote concede la libertad a una cadena de presos, condenados a
remar en las galeras del rey, que iban conducidos por cuadrilleros de la Santa
Hermandad. El más bellaco de los galeotes es Ginés de Pasamonte, que está
escribiendo la historia de su vida como una novela picaresca, en el que
Cervantes reflejó al escritor, y compañero suyo en Lepanto, Gerónimo de
Passamonte.
El episodio tiene graves consecuencias para caballero y escudero porque
serán perseguidos por la Santa Hermandad. Sancho sugiere a don Quijote que
se aparten de los caminos y se refugien en Sierra Morena, y así lo hacen.
Estamos en el capítulo 23, la novela no terminará hasta el capítulo 52, las aven-
turas lineales que les suceden a los protagonistas serán ya escasas. Pero a par-
tir de este punto se intercalan relatos adyacentes a la acción principal, uno de
los cuales, la novela de El curioso impertinente (caps. 33-35), es una novela
exenta, la cual simplemente lee en voz alta uno de los personajes. Cervantes
está aprovechando para su Don Quijote «novellas», relatos cortos, previamen-
te escritos. Los otros relatos tienen una cierta relación con la acción principal,
y Cervantes consigue la unidad en la diversidad, que era uno de los requisitos
más difícil de conseguir en una narración extensa, en prosa o en verso, como
lo ejemplifica la Jerusalén conquistada de Lope de Vega, una epopeya que se
convirtió en una obra fracasada precisamente por este defecto esencial de falta
de unidad.
Reanudando nuestro argumento, don Quijote, imitando a Amadís de
Gaula (que se retiró a hacer penitencia a la Peña Pobre con el nombre de
Beltenebrós al ser rechazado por Oriana), decide quedarse entre los riscos de
Sierra Morena en pelota (en pellote) y haciendo extravagancias, y manda a
Sancho a llevar un mensaje a Dulcinea. Este se dirige a El Toboso, pero en el
camino se encuentra con el cura y el barbero de la aldea de don Quijote que
habían salido en su busca, los cuales le convencen para que les conduzca adon-
de ha quedado el hidalgo. En medio de la narración se habían intercalado los
relatos cruzados de dos parejas: Cardenio y Luscinda, Dorotea y don Fernando,
en las que el «raro inventor» que era Cervantes consigue la proeza de mante-
ner en tensión unas historias que continuamente se retoman y se abandonan.
Es la novela barroca. Juntos todos estos personajes, fingen que la bella e inge-
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