dijo: «¿Quién fuiste, que por tantas puntas
con sangre exhalas tu habla dolorosa?» 138
Y él a nosotros: «Oh almas que llegadas
sois a mirar el vergonzoso estrago,
que mis frondas así me ha desunido, 141
recogedlas al pie del triste arbusto.
Yo fui de la ciudad que en el Bautista 143
cambió el primer patrón: el cual, por esto 144
con sus artes por siempre la hará triste;
y de no ser porque en el puente de Arno
aún permanece de él algún vestigio, 147
esas gentes que la reedificaron
sobre las ruinas que Atila dejó, 149
habrían trabajado vanamente. 150
Yo de mi casa hice mi cadalso.»
CANTO XIV
Y como el gran amor del lugar patrio
me conmovió, reuní la rota fronda,
y se la devolví a quien ya callaba. 3
Al límite llegamos que divide
el segundo recinto del tercero,
y vi de la justicia horrible modo. 6
Por bien manifestar las nuevas cosas,
he de decir que a un páramo llegamos,
que de su seno cualquier planta ahuyenta. 9
La dolorosa selva es su guirnalda,
como para ésta lo es el triste foso;
justo al borde los pasos detuvimos. 12
Era el sitio una arena espesa y seca,
hecha de igual manera que esa otra
que oprimiera Catón con su pisada. 15
¡Oh venganza divina, cuánto debes
ser temida de todo aquel que lea
cuanto a mis ojos fuera manifiesto! 18
De almas desnudas vi muchos rebaños,
todas llorando llenas de miseria,
y en diversas posturas colocadas: 21
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