sin razón me movi con esos otros: 90
mas estuve yo solo, cuando todos
en destruir Florencia consentían,
defendiéndola a rostro descubierto.» 93
«Ah, que repose vuestra descendencia
-yo le rogué-, este nudo desatadme
que ha enmarañado aquí mi pensamiento. 96
Parece que sabéis, por lo que escucho, 97
lo que nos trae el tiempo de antemano,
mas usáis de otro modo en lo de ahora.» 99
«Vemos, como quien tiene mala luz,
las cosas -dijo- que se encuentran lejos,
gracias a lo que esplende el Sumo Guía. 102
Cuando están cerca, o son, vano es del todo
nuestro intelecto; y si otros no nos cuentan,
nada sabemos del estado humano. 105
Y comprender podrás que muerto quede
nuestro conocimiento en aquel punto
que se cierre la puerta del futuro.» 108
Arrepentido entonces de mi falta,
dije: «Diréis ahora a aquel yacente
que su hijo aún se encuentra con los vivos; 111
y si antes mudo estuve en la respuesta,
hazle saber que fue porque pensaba
ya en esa duda que me habéis resuelto.» 114
Y ya me reclamaba mi maestro;
y yo rogué al espíritu que rápido
me refiriese quién con él estaba. 117
Díjome: «Aquí con más de mil me encuentro;
dentro se halla el segundo Federico, 119
y el Cardenal, y de los otros callo.» 120
Entonces se ocultó; y yo hacia el antiguo
poeta volví el paso, repensando
esas palabras que creí enemigas. 123
Él echó a andar y luego, caminando,
me dijo: «¿Por qué estás tan abatido?»
Y yo le satisfice la pregunta. 126
|
|