y por la que he citado en el comienzo,
le pusieron el nombre a aquella estrella
que al sol recrea de nuca o de frente. 12
Hasta ella ascendí sin darme cuenta;
pero me confirmó que en ella estaba
el ver aún más hermosa a mi señora. 15
Y cual la chispa se observa en la llama,
y una voz se distingue entre las voces,
si una se para y otra el canto sigue, 18
en esa luz vi yo otras luminarias
dar vuelta más o menos velozmente,
acordes, pienso, a su visión interna. 21
De fría nube vientos no descienden,
tan raudos, ya visibles, ya invisibles,
que ni lentos ni torpes pareciesen 24
a quien hubiese esas luces divinas
visto venir, dejando aquella danza
que empezaba en los altos serafines; 27
y en los primeros que se aparecieron
tal hosanna se oía, que las ansias
de escucharlo otra vez nunca he perdido. 30
Entonces uno se acercó a nosotros 31
y dijo: «Estamos todos preparados
para darte placer y recrearte. 33
Girarnos con los príncipes celestes
con un mismo girar y una sed misma,
de la cual tú en el mundo ya cantaste: 36
«Los que moveis pensando el tercer áeio»; 37
y tal amor nos colma, que no menos
dulce, por complacerte, es el pararnos.» 39
Luego de haber mis ojos reverentes
puesto en mi dama, y que ella les hubiera
satisfecho mostrando su aquiescencia, 42
volviéronse a la luz que una tan grande
promesa había hecho, y: «Quiénes sois»
dijo mi voz de gran afecto llena. 45
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