y no penséis que os lave cualquier agua. 75

Tenéis el viejo y nuevo Testamento,
y el pastor de la Iglesia que os conduce;
y esto es bastante ya para salvaros. 78

Si otras cosas os grita la codicia, 79
¡sed hombres, y no ovejas insensatas,
para que no se burlen los judíos! 81

¡No hagáis como el cordero que abandona
la leche de su madre, y por simpleza,
consigo mismo a su placer combate!» 84

Así me habló Beatriz tal como escribo;
luego se dirigió toda anhelante
a aquella parte en que el mundo más brilla. 87

Su callar y el mudar de su semblante
a mi espíritu ansioso silenciaron,
que ya nuevas preguntas preparaba; 90

y así como la flecha da en el blanco
antes de que la cuerda quede inmóvil,
así corrimos al segundo reino. 93

Allí vi tan alegre a mi señora,
al encontrarse en la luz de aquel cielo,
que se volvió el planeta aún más luciente. 96

Y si la estrella se mudó riendo,
¡yo qué no haría que de mil maneras
soy por naturaleza transmutable! 99

Igual que en la tranquila y pura balsa
a lo que se les echa van los peces
y piensan que es aquello su alimento, 102

así yo vi que mil y aún más fulgores
venían a nosotros, y escuchamos:
«ved quién acrecerá nuestros amores». 105

Y así como venían a nosotros
se veía el placer que las colmaba
en el claro fulgor que desprendían. 108

Piensa, lector, si lo que aquí comienza
no siguiese, en qué forma sentirías
de saber más un anhelo angustioso; 111

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