te pido que a otras mentes me recuerdes;
más no te digo y más no te respondo.» 90

Entonces desvió los ojos fijos,
me miró un poco, y agachó la cara;
y a la par que los otros cayó ciego. 93

Y el guía dijo: «Ya no se levanta
hasta que suene la angélica trompa,
y venga la enemiga autoridad. 96

Cada cual volverá a su triste tumba,
retomarán su carne y su apariencia,
y oirán aquello que atruena por siempre.» 99

Así pasamos por la sucia mezcla
de sombras y de lluvia a paso lento,
tratando sobre la vida futura. 102

Y yo dije: «Maestro, estos tormentos
crecerán luego de la gran sentencia,
serán menores o tan dolorosos?» 105

Y él contestó: «Recurre a lo que sabes:
pues cuanto más perfecta es una cosa
más siente el bien, y el dolor de igual modo, 108

Y por más que esta gente maldecida
la verdadera perfección no encuentre,
entonces, más que ahora, esperan serlo.» 111

En redondo seguimos nuestra ruta,
hablando de otras cosas que no cuento;
y al llegar a aquel sitio en que se baja 114
encontramos a Pluto: el enemigo. 115

CANTO VII

«¡Papé Satán, Papé Satán aleppe!» 1
dijo Pluto con voz enronquecida;
y aquel sabio gentil que todo sabe, 3

me quiso confortar: «No te detenga
el miedo, que por mucho que pudiese
no impedirá que bajes esta roca.» 6

Luego volvióse a aquel hocico hinchado,
y dijo: «Cállate maldito lobo,
consúmete tú mismo con tu rabia. 9

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