hacia mí, pareciendo conocerme. 48

Tiempo era ya que el aire oscureciera,
mas no tal que sus ojos y los míos
lo que antes se ocultaba no advirtiesen. 51

Hacia mí vino, y yo me fui hacia él:
cuánto me complació, gentil juez Nino,
cuando vi que no estabas con los reos. 54

Ningún bello saludo nos callamos
luego me preguntó: « ¿Cuándo llegaste
al pie del monte por lejanas aguas?» 57

«Oh -dije- vine por los tristes reinos
esta mañana, en mi primera vida,
aunque la otra, andando así, pretendo.» 60

Y cuando fue escuchada mi respuesta,
Sordello y él se echaron hacia atrás
como gente de súbito turbada. 63

Volvióse uno a Virgilio, el otro a alguien 64
sentado allí y gritó: «¡Mira, Conrado!
ven a ver lo que Dios por gracia quiere.» 66

Y vuelto a mí: « Por esa rara gracia
que debes al que de ese modo esconde
sus primeros porqués, que no se entienden, 69

cuando hayas vuelto a atravesar las ondas
di a mi Giovanna que en mi nombre implore, 71
en donde se responde a la inocencia. 72

No creo que su madre ya me ame 73
luego que se cambió las blancas tocas,
que conviene que, aún, ¡pobre!, las quisiera. 75

Por ella fácilmente se comprende
cuánto en mujer el fuego de amor dura,
si la vista o el tacto no lo encienden. 78

Tan bella sepultura no alzaría 79
la sierpe del emblema de Milán,
como lo haría el gallo de Gallura.» 81

Así dijo, y mostraba señalado
su aspecto por aquel amor honesto
que en el pecho se enciende con mesura. 84

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