"La noche que siguió a la batalla, hallábase Fernando de centinela a la puerta
de un general que mantenía con el enemigo relaciones secretas, y debía de
juntarse con los ingleses aquella misma noche. Propuso a Fernando que le
acompañase, y Fernando aceptó abandonando su puesto.
"Lo que hubiera hecho que se le formara consejo de guerra si Bonaparte hubiera
permanecido en el trono, fue para los Borbones recomendación, de manera que
entró en Francia con la charretera de subteniente, y como no perdió la
protección del general, que gozaba de mucha influencia, era ya capitán cuando la
guerra de España en 1823, es decir, cuando Danglars hacía sus primeras
especulaciones.
"Fernando era español; fue enviado a Madrid a explorar la opinión pública; allí
encontró a Danglars, renovaron las amistades, ofreció a su general el apoyo de
los realistas de la corte y de las provincias, le comprometió, comprometiéndose
a su vez, guió a su regimiento por sendas de él sólo conocidas en las montañas
atestadas de realistas, e hizo, en fin, tales servicios en esta corta campaña,
que después de la acción del Trocadero fue ascendido a coronel, con la cruz de
oficial de la Legión de Honor y el título de conde.
-¡Lo que es el destino! -murmuró el abate.
-¡Sí!, pero escuchad, que no es esto todo. Concluida la guerra de España, la
carrera de Fernando se hallaba interrumpida por la larga paz que prometía reinar
en Europa. Solamente Grecia, sacudiendo el yugo de Turquía, principiaba entonces
la guerra de la independencia. Los ojos del mundo entero se fijaban en Atenas.
Estuvo de moda compadecer a los griegos y ayudarlos, y el mismo gobierno
francés, sin protegerlos abiertamente, como ya sabréis, toleraba las
emigraciones parciales. Fernando pidió y obtuvo el permiso de it a servir a
Grecia, sin dejar por eso de pertenecer al ejército francés.
"Algún tiempo después se supo que el conde de Morcef, que éste era el título de
Fernando, había entrado como general instructor al servicio de Alí-Bajá.
"Como ya sabréis, Alí-Bajá fue asesinado, pero antes de morir recompensó los
servicios de Fernando con una suma considerable, con la cual volvió a Francia,
donde se le revalidó su empleo de teniente general.
-¿De manera que hoy...? -preguntó el abate.
-Hoy -respondió Caderousse- posee una casa magnífica en París, calle de Helder,
número 27.
El abate permaneció un instante pensativo y como vacilando, y dijo, haciendo un
esfuerzo:
-¿Y Mercedes? Me han asegurado que desapareció.
-Desapareció, sí -repuso Caderousse-, como desaparece el sol para volver a salir
más esplendoroso al otro día.
-¿También ella ha hecho fortuna? -preguntó el abate con una sonrisa irónica.
-Mercedes es en la actualidad una de las más aristocráticas damas de París.
-Seguid, que me parece un sueño todo lo que oigo --dijo el abate-. Pero he visto
yo también cosas tan extraordinarias, que ya no me asombran tanto las que me
referís.
-Mercedes se desesperó por la pérdida de Edmundo. Ya os he contado sus
instancias a Villefort, y su afecto al padre de Dantés. En esto vino a herirla
un nuevo dolor, la ausencia de Fernando, de Fernando, cuyo crimen ignoraba, y a
quien miraba como a su hermano.
"Con esta ausencia quedó Mercedes completamente sola.
-Sí -respondió Caderousse-, del niño Alberto.
-Pero, ¿tenía ella educación para dársela a su hijo? -prosiguió el abate-. Creo
que le oí decir a Edmundo que era hija de un simple pescador, hermosa, pero
ignorante.
-¡Oh! ¡Tan mal conocía a su propia novia! -dijo Caderousse-. Si la corona
hubiera de adornar sólo las cabezas más lindas a inteligentes, Mercedes habría
podido ser reina. A medida que su fortuna crecía, iba creciendo ella moralmente.
El dibujo, la música, todo lo aprendía. Creo además (aquí para entre nosotros)
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