--En fin, como bien saben, estoy aquí esta noche para hablarles del
poder de los símbolos. El sonido del teléfono en su habitación volvió a
romper el silencio.
Gruñendo con una mezcla de indignación e incredulidad, descolgó.
--¿Diga?
Como suponía, era el recepcionista.
--Señor Langdon, discúlpeme otra vez. Le llamo para informarle de
que la visita va de camino a su habitación. Me ha parecido que debía
advertírselo.
Ahora Langdon sí estaba totalmente despierto.
--¿Ha dejado subir a alguien a mi habitación sin mi permiso?
--Lo siento, monsieur, pero es que este señor es... no me he visto
con la autoridad para impedírselo.
--¿Quién es exactamente? --le preguntó.
Pero el recepcionista ya había colgado.
Casi al momento, llamaron con fuerza a la puerta.
Vacilante, Langdon se levantó de la cama, notando que los pies se le
hundían en la alfombra de Savonnerie. Se puso el albornoz y se acercó a
la puerta.
--¿Quién es?
--¿Señor Langdon? Tengo que hablar con usted. --El hombre se
expresaba con acento francés y empleaba un tono seco, autoritario--.
Soy el teniente Jéróme Collet, de la Dirección Central de la Policía
Judicial.
Langdon se quedó un instante en silencio. «¿La Policía Judicial?» La
DCPJ era, más o menos, el equivalente al FBI estadounidense.
Sin retirar la cadena de seguridad, Langdon entreabrió la puerta. El
rostro que vio al otro lado era alargado y ojeroso. Estaba frente a un
hombre muy delgado que llevaba un uniforme azul de aspecto oficial.
--¿Puedo entrar? --le preguntó el agente.
Langdon dudó un momento, mientras los ojos amarillentos de aquel
hombre lo escrutaban.
--¿Qué sucede?
--Mi superior precisa de sus conocimientos para un asunto
confidencial.
--¿Ahora? Son más de las doce.
--¿Es cierto que tenía que reunirse con el conservador del Louvre
esta noche?
A Langdon le invadió de pronto una sensación de malestar. El
prestigioso conservador Jacques Saunière y él habían quedado en
reunirse para tomar una copa después de la conferencia, pero Saunière
no se había presentado.
--Sí. ¿Cómo lo sabe?
--Hemos encontrado su nombre en su agenda.
--Espero que no le haya pasado nada malo.

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