Langdon oyó las palabras de Marie Chauvel. «Un día lo entenderás.»
Estaba ahí de pie, bajo la antigua Línea Rosa, rodeado de «artes de
maestros». «¿Qué mejor lugar que aquel para que Saunière pudiera
estar siempre vigilante?» Ahora, al fin, le parecía que entendía el
verdadero significado de los versos del Gran Maestre. Alzando los ojos al
cielo, miró a través del cristal. La noche estaba cuajada de estrellas.

Y el manto que la cubre en su descanso
no es otro que la bóveda estrellada.

Como los murmullos de los espíritus en la oscuridad, resonaron unas
palabras olvidadas.
«La búsqueda del Grial es literalmente el intento de arrodillarse ante
los huesos de María Magdalena. Un viaje para orar a los pies de la
descastada, de la divinidad femenina perdida.»
Con repentina emoción, Robert Langdon cayó postrado de rodillas.
Por un momento le pareció oír la voz de una mujer... la sabiduría de
los Tiempos... que susurraba desde los abismos más profundos de la
tierra.
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2003

FIN
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