Langdon volvió a observar aquellos dígitos, con la sensación de que
tardaría horas en aventurar alguno. «Si es que había sido la intención de
Saunière que lo tuvieran. A él le daba la sensación de que aquellos
números eran totalmente aleatorios. Estaba acostumbrado a las
progresiones simbólicas que parecían tener algún sentido, pero en aquel
caso todo --el pentáculo, el texto, los números-- parecía distinto a todos
los niveles.
--Antes ha supuesto --intervino Fache-- que los actos llevados a
cabo por Saunière en esta galería eran un intento de enviar una especie
de mensaje... de culto a la diosa o algo así, ¿no? ¿Y cómo encaja
entonces este escrito?
Langdon sabía que la pregunta era retórica. Aquellas extrañas
palabras no encajaban para nada en su hipotético escenario de culto a la
divinidad femenina, más bien todo lo contrario.
«¿Diavole in Dracon? ¿Límala, asno?»
--Da la impresión de que el texto es una especie de acusación, ¿no
le parece?
Langdon intentó imaginar los minutos finales del conservador,
atrapado en la Gran Galería, solo, sabiendo que estaba a punto de morir.
Parecía lógico.
--Sí, supongo que tiene sentido que intentara acusar a quien lo
había matado.
--Mi trabajo, claro está, consiste en ponerle nombre a esa persona,
así que permítame que le haga una pregunta, señor Langdon. Para
usted, dejando de lado los números, ¿qué parte del mensaje le resulta
más rara?
«¿Más rara?» Un hombre se había encerrado en la galería, se había
dibujado un pentáculo en el cuerpo y había escrito una acusación
misteriosa en el suelo. ¿Había algo ahí que no fuera raro?
--¿La palabra «Dracon»? --aventuró, diciendo lo primero que se le
pasó por la mente. Langdon estaba bastante seguro de que una
referencia a Dracon, el déspota legislador griego del siglo VII a.C., no
era un último pensamiento demasiado probable--. «Diavole in Dracon»
no es una expresión demasiado corriente, ni siquiera en italiano.
--Que sea más o menos corriente --en el tono de Fache había un
atisbo de impaciencia--, me parece a mí, no es lo más importante en
este caso.
Langdon no estaba seguro de qué estaba pensando el capitán, pero
estaba empezando a sospechar que se habría llevado muy bien con el
legislador griego.
--Saunière era francés --dijo finalmente--. Vivía en París. Pero para
escribir parte de este mensaje usó el...
--Italiano --cortó Langdon, entendiendo de pronto lo que Fache
quería decir.
El capitán asintió.
--Précisement. ¿Alguna sugerencia?
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