desconfianza. Además de su afición por la trasnochada mortificación
corporal, sus puntos de vista sobre la mujer eran, cuando menos,
medievales. Se había enterado con horror de que a las numerarias se las
obligaba a limpiar las estancias de los hombres cuando estos estaban en
misa; ellas dormían sobre tablones de madera mientras que los hombres
podían hacerlo en colchones de paja; además, a ellas se les exigía que
se infligieran más castigos corporales, pues su responsabilidad en el
pecado original pedía una mayor penitencia. Parecía que aquel mordisco
de Eva a la manzana del Árbol de la Ciencia era una deuda que las
mujeres deberían pagar durante toda la eternidad. Desgraciadamente,
mientras la mayor parte de la Iglesia católica iba avanzando lentamente
en la dirección correcta en relación con los derechos de la mujer, el Opus
Dei amenazaba con subvertir aquel proceso. Con todo, sor Sandrine
cumplía las órdenes que le daban.
Bajó de la cama y, al poner los pies en el suelo, la piedra helada del
suelo se le clavó en las plantas desnudas. Un escalofrío recorrió su carne
y, sin saber por qué, sintió miedo.
«¿Intuición femenina?»
Creyente devota, sor Sandrine había aprendido a hallar la paz en las
voces tranquilizadoras que le llegaban de su propia alma. Pero aquella
noche sus voces callaban tanto como la iglesia vacía en la que se
encontraba.

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Langdon no lograba apartar la vista de aquellas letras que brillaban
sobre el suelo de madera. Le parecía totalmente inverosímil que aquellas
fueran las últimas palabras de Jacques Saunière.
El mensaje rezaba así:

13-3-2-21-1-1-8-5
¡Diavole in Dracon!
Límala, asno

Aunque Langdon no tenía ni la más remota idea de qué significaba
aquello, ahora entendía que, intuitivamente, Fache hubiera relacionado
el pentáculo con el culto al diablo.
«¡Diavole in Dracon!»
Saunière había dejado escrita una referencia literal a diablesas.
Igualmente rara era la serie numérica.
--Una parte al menos parece un mensaje cifrado.
--Sí --respondió Fache--. Nuestros criptógrafos ya están trabajando
en ello. Creemos que tal vez los números contengan la clave que nos
diga quién lo mató. Puede que nos lleven a un teléfono o a algún tipo de
identificación social. ¿Tienen para usted algún significado simbólico?

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