--Ya lo sé. --La mujer le apoyó las manos sobre los hombros y la
miró con unos ojos que le resultaban familiares--. Tu abuelo y yo nos
vimos obligados a decir tantas cosas. Hicimos lo que nos pareció más
correcto. Lo siento tanto. Fue por tu propia seguridad, princesa.
Sophie oyó aquella última palabra y al momento pensó en su
abuelo, que le había llamado de aquel modo durante tantos años. Su voz
parecía resonar como un eco en las antiguas piedras de Rosslyn,
atravesar la tierra y reverberar en los desconocidos resquicios que había
más abajo.
La mujer la rodeó con sus brazos sin dejar de llorar.
--Tu abuelo se moría de ganas de contártelo todo. Pero las cosas se
pusieron difíciles entre vosotros dos. Lo intentó con todas sus fuerzas.
¡Ah! Tengo tantas cosas que contarte. --La besó una vez más en la
frente y le susurró al oído.
--Ni un secreto más, princesa. Ya es hora de que sepas la verdad
sobre tu familia.


Sophie y su abuela estaban sentadas en los escalones del porche,
abrazadas, llorando, cuando el guía apareció en el jardín con la mirada
llena de esperanza e incredulidad.
--¿Sophie?
A través de sus lágrimas, asintió y se puso de pie. No reconocía el
rostro de aquel joven, pero al abrazarlo notó que la fuerza de la sangre
le corría por las venas... una sangre que ahora sabía que compartían.

***

Cuando Langdon apareció y se unió a ellos, Sophie pensó que hacía
apenas veinticuatro horas se había sentido totalmente sola en el mundo.
Y que ahora, sin saber muy bien cómo, en un país extranjero y en
compañía de tres personas a las que apenas conocía, sabía que por fin
había llegado a casa.

105

La noche ya había caído sobre Rosslyn.
Robert Langdon estaba solo en el porche de la casa, complacido con
las risas y las conversaciones que le llegaban desde el otro lado de la
mosquitera. El café brasileño bien cargado que se estaba tomando le
ayudaba a superar el creciente cansancio, aunque se temía que el efecto
no iba a durarle mucho, porque sentía que su cuerpo estaba llegando al
límite de la extenuación.
--Ha salido discretamente --le dijo una voz a sus espaldas.



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