--División de Snow Hill --dijo el telefonista--. ¿De qué se trata?
--Quiero denunciar un secuestro. --Sophie sabía ser concisa cuando
quería.
--¿Su nombre, por favor?
Sophie hizo una pausa.
--Soy la agente Sophie Neveu, de la Policía Judicial francesa.
Aquello tuvo un efecto inmediato.
--Ahora mismo le paso con el detective, señora.
Mientras esperaba a que la atendieran, Sophie empezó a tener sus
dudas de que la policía se creyera la descripción que tendría que hacer
de los secuestradores. «Un hombre con esmoquin.» Más fácil de
identificar imposible. Incluso si Rémy se cambiaba de ropa, su cómplice
era un monje albino. «No pasaba precisamente desapercibido.» Y
además, como llevaban a un rehén, no podían montarse en transportes
públicos. ¿Cuántas limusinas Jaguar podía haber en Londres?
La espera en el teléfono se le estaba haciendo eterna. «Venga,
contesten.» Oía chasquidos y zumbidos en la línea, como si estuvieran
pasando la llamada.
Tras quince segundos más, oyó la voz de un hombre.
--¿Agente Neveu?
Sophie se quedó muda de la impresión. Había reconocido aquel tono
áspero al momento.
--Agente Neveu --insistió Bezu Fache--. ¿Dónde diablos está
metida?
Sophie seguía sin poder articular palabra. Al parecer, el capitán
Fache había solicitado a la policía de Londres que le avisaran si llamaba.
--Escúcheme bien --dijo el capitán--, esta noche he cometido un
error imperdonable. Langdon es inocente. Se han retirado todos los
cargos en su contra. Pero aun así tanto él como usted están en peligro. Y
tienen que venir aquí inmediatamente.
Sophie no daba crédito a lo que estaba oyendo. No sabía qué decir.
Fache no era de los que se disculpaban.
--No me había dicho --prosiguió Fache--, que Saunière era su
abuelo. Estoy totalmente dispuesto a olvidar su insubordinación, la
atribuyo al impacto emocional que debe haber vivido. Sin embargo,
Langdon y usted deben acudir lo antes posible a cualquier comisaría de
policía de Londres para ponerse a salvo.
«¿Y cómo sabe que estoy en Londres? ¿Qué más cosas sabe?»
Sophie oía a lo lejos algo parecido a un taladro o a unas máquinas
trabajando. Y unos curiosos chasquidos en la línea.
--¿Está intentando localizar esta llamada, capitán?
Ahora la voz de Fache se hizo más firme.
--Agente Neveu, a los dos nos conviene cooperar. Tenemos mucho
que perder. Intento minimizar los daños. Esta noche he cometido errores
de juicio, y si a causa de ellos muere un profesor americano y una

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