Pero el monaguillo no se movía y no le quitaba los ojos de encima a
Langdon.
--Su cara me suena.
Teabing resopló.
--¿Y no será porque el señor Wren viene aquí cada año?
«También puede ser --se le ocurrió a Sophie-- que lo viera el año
pasado en la televisión en el Vaticano.»
--Al señor Wren no lo conozco --declaró el monaguillo.
--Creo que te equivocas --le contradijo Langdon educadamente--.
Me parece recordar que el año pasado nos cruzamos cuando yo vine. El
señor Knowles no nos presentó formalmente, pero cuando te he visto he
reconocido tu cara. No te creas, me doy perfecta cuenta de que hemos
entrado aquí a deshoras, pero por favor, te pido que nos concedas unos
minutos más; hemos viajado una larga distancia para esparcir las
cenizas entre estas tumbas--. Pronunció aquellas palabras con la
convicción propia del mejor de los actores.
La expresión del monaguillo se hizo aún más escéptica.
--Esto no son tumbas.
--¿Cómo dices? --le preguntó Langdon.
--Pues claro que lo son --intervino Teabing--. ¿De qué estás
hablando?
El joven negó con la cabeza.
--Las tumbas contienen cuerpos. Esto son efigies. Homenajes de
piedra a hombres reales. Debajo de estas esculturas no hay nadie.
--¡Pero si esto es una cripta! --exclamó Teabing.
--Sólo en los libros de historia sin actualizar. Se creía que lo era,
pero en la década de 1950, durante la renovación, se descubrió que no.
Y supongo --añadió, dirigiéndose a Langdon--, que el señor Wren lo
sabrá perfectamente teniendo en cuenta que si se supo fue gracias a su
familia.
Se hizo un silencio incómodo que quedó roto por unos fuertes golpes
en la puerta del anexo.
--Ese debe de ser el señor Knowles --dijo Teabing--. ¿No cree que
debería ir a ver?
El monaguillo lo miró, poco convencido, pero se alejó hacia la
entrada dejándolos ahí a los tres con cara de circunstancias.
--Leigh --susurró Langdon--. ¿Qué no hay cuerpos? ¿De qué está
hablando?
Teabing parecía muy afectado.
--No lo sé. Yo siempre había creído que... no, no hay duda, tiene
que ser aquí. No creo que sepa de qué está hablando. ¡No tiene sentido!
--¿Me enseñas el poema un momento?
Sophie se sacó el criptex del bolsillo y se lo dio con cuidado.
Langdon desenrolló el pergamino.
--Sí, aquí se habla claramente de una tumba, no de una efigie.
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