solucionando los acertijos de su abuelo, ahora tenía la incómoda
sensación de que aquel poema que tenía delante contenía una
información de la que aún no se habían dado cuenta.
«Aquí tiene que haber algo más --se dijo--. Ingeniosamente
oculto... pero de algún modo presente.»
Además, agazapado entre aquellos pensamientos estaba el temor a
que al final, en el interior de aquel criptex, lo que encontraran no fuera
algo tan sencillo como un «mapa con el camino a seguir para encontrar
el Santo Grial.» A pesar de la seguridad de Langdon y Teabing de que la
verdad se encontraba en aquel cilindro de mármol, Sophie había
participado en suficientes búsquedas de tesoros con su abuelo como
para saber que Saunière no era de los que revelaban sus secretos así
como así.
73
El controlador aéreo de Le Bourget que estaba de guardia aquella noche
dormitaba frente a la pantalla del radar cuando el capitán de la Policía
Judicial prácticamente echó la puerta abajo.
--¿Dónde ha ido el jet de Teabing? --gritó entrando en la pequeña
torre de control--. ¿Dónde?
La primera reacción del controlador consistió en ponerse a
balbucear, en un vano intento de proteger la privacidad de su cliente
británico, uno de los más respetados del aeródromo.
--Está bien --dijo Fache--, entonces voy a tener que detenerlo por
permitir el despegue de un avión sin plan de vuelo.
Le hizo un gesto a un agente, que se acercó para ponerle las
esposas. En ese momento el controlador sintió que le invadía una oleada
de terror. Se acordó de los artículos de prensa en los que se debatía si el
capitán era un héroe o una amenaza. La duda acababa de quedarle
aclarada.
--¡Espere! --dijo al ver las esposas--. Yo sólo puedo decirle lo que
sé. El señor Teabing hace frecuentes viajes a Londres para seguir un
tratamiento médico. Tiene un hangar en el Biggin Hill Executive Airport
de Kent. A las afueras de la capital.
Fache indicó al policía de las esposas que se apartara.
--¿Y era ese aeropuerto su destino esta noche?
--No lo sé. El avión tomó el pasillo habitual y el último contacto con
el radar apunta a que se dirigía al Reino Unido. Supongo que lo más
probable es que se dirija a Biggin Hill.
--¿Ha embarcado más gente con él?
--Señor, le juro que yo no tengo manera de saberlo. Nuestros
clientes salen directamente de sus hangares, y cargan lo que quieren en
los aviones. El tema de los pasajeros es responsabilidad de las
autoridades de la aduana en el punto de destino.
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