escandalosos de las prácticas de los «numerarios»... miembros que eran
como el monje que ahora Langdon tenía delante.
Teabing tenía la vista fija en el cinturón ensangrentado.
--Pero ¿por qué ha de estar el Opus buscando el Santo Grial?
Langdon estaba demasiado atontado para pensar en aquella
cuestión.
--Robert --dijo Sophie acercándose hasta la caja de madera--. ¿Qué
es esto?
Había cogido la rosa que él había sacado de la tapa.
--Sirve para ocultar unas inscripciones en el fondo de la tapa. Me
parece que el texto nos ayudará a abrir el criptex.
Antes de que Teabing o Sophie pudieran decir nada, un mar de luces
y sirenas se materializó a la entrada de la propiedad y empezó a
serpentear en dirección de la mansión.
Teabing frunció el ceño.
--Amigos, parece que tenemos que tomar una decisión. Y será
mejor que no tardemos mucho.
66
Collet y sus hombres irrumpieron en la mansión de sir Leigh Teabing con
las armas en alto. Se desplegaron por las estancias de la planta baja. En
el suelo del salón encontraron un impacto de bala, señales de que se
había producido un forcejeo, un poco de sangre, un curioso cinturón con
púas y un rollo de cinta aislante. Pero no parecía haber nadie en ninguna
parte.
Cuando Collet se disponía a ordenar a sus hombres que se dividieran
e inspeccionaran el sótano y las habitaciones traseras, oyó voces en la
planta superior.
--¡Están arriba!
Corriendo por la amplia escalinata, Collet y sus hombres registraron
todas las habitaciones de aquella enorme mansión, revisando pasillos y
dormitorios oscuros a medida que se acercaban al lugar de donde
provenían las voces. El sonido parecía salir de la última estancia, al
fondo de un pasillo larguísimo. Los agentes empezaron a avanzar
sigilosamente por él sellando cualquier salida alternativa.
Al acercarse más a aquella habitación, Collet vio que la puerta
estaba abierta de par en par. Las voces habían cesado de repente y
habían sido sustituidas por un extraño ronroneo como de motor.
Collet levantó el brazo y dio la señal. Traspasó el umbral, encontró
el interruptor y encendió la luz. Los agentes venían detrás. El teniente
gritó y apuntó con el arma a... nada.
Un dormitorio de invitados desierto. Vacío.
El ronroneo del motor salía de un panel electrónico que había en una
pared, junto a la cama. Collet había visto varios dispositivos como aquel
instalados en toda la casa. Una especie de sistema de
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