perfecto desconocido era lo más indicado. Teniendo en cuenta la
información potencialmente oculta en él, seguramente su actitud de
cautela era sabia.
--No hace falta que le contemos de entrada lo de la clave de
bóveda. Tal vez sea mejor incluso no decirle nada sobre el tema. Su casa
nos ofrecerá un refugio seguro para escondernos y pensar y puede que
cuando hablemos con él sobre el Grial, empieces a formarte una idea de
por qué tu abuelo quiso entregarte esto a ti.
--A nosotros --corrigió Sophie.
Langdon sintió cierto orgullo y volvió a preguntarse por qué
Saunière lo habría incluido también a él.
--¿Sabes más o menos dónde vive el señor Teabing?
--Su finca se llama Château Villete.
Sophie se volvió y abrió mucho los ojos, incrédula.
--¿El Château Villete?
--Sí, ese.
--Tienes buenos amigos.
--¿Conoces la finca?
--He pasado por delante. Está en la zona de los castillos. A unos
veinte minutos de aquí.
Langdon frunció el ceño.
--¿Tan lejos?
--Sí. Así que te da tiempo de contarme de una vez qué es en
realidad el Santo Grial.
Langdon se quedó un instante en silencio.
--Te lo contaré en casa de Teabing. El y yo nos hemos especializado
en diferentes aspectos de la leyenda, así que con la información de los
dos podrás conocer toda la historia.--Sonrió--. Además, Teabing ha
dedicado su vida entera al Grial y oír la historia de sus labios es como si
el propio Einstein te contara la teoría de la relatividad.
--Esperemos que a Leigh no le molesten las visitas a horas
intempestivas.
--Por cierto, no es Leigh a secas, es sir Leigh. --Langdon había
cometido aquel error sólo una vez--. Teabing es todo un personaje. La
reina le nombró sir hace unos años por un completísimo trabajo histórico
que realizó sobre la casa de York.
Sophie lo miró.
--Estás de broma, ¿no? ¿Me estás diciendo que vamos a visitar a un
caballero?
Langdon esbozó una extraña sonrisa.
--Vamos a la busca del Grial, Sophie. ¿Quién mejor que un caballero
para ayudarnos?
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