El Bhagavad Gita




7. Cuando el Día de Brahma llega a su fin, oh Arjuna, todo lo creado es reabsorbido en
Mi naturaleza inmanifiesta. Mas cuando, una vez transcurrida la Noche, el nuevo Día
alborea, de Mí emanan otra vez.

8. Así pues, partiendo de mi Ser, Yo manifiesto la creación entera, y a Mí la hago regre-
sar de nuevo, y este ciclo se repite una y otra vez, siguiendo los círculos del tiempo.

9. No obstante así, mi Naturaleza no sufre alteración ni se ve atada por el vastísimo de-
senvolvimiento de la creación. Yo soy el que soy, tan sólo observo el drama de todo
el proceso.

10. Yo observo cómo, en el desarrollo de la creación, la naturaleza produce todo aquello
que puede moverse al igual que lo inmóvil, mientras el mundo da vueltas y vueltas
sin cesar.

11. Los ignorantes y los locos de este mundo al yerme en cuerpo humano, no reconocen
mi Naturaleza Superior y me desprecian. Ellos no conocen Mi Espíritu Supremo, la
Forma Infinita del Dios que ha creado todas las cosas.

12. Vanas son sus esperanzas, e igualmente vanas sus acciones, vano es todo lo que han
aprendido, siendo igualmente vanos todos sus pensamientos. En su locura descien-
den a la naturaleza de demonios, cayendo en la oscuridad y el engaño del infierno35.

13. Pero hay hombres de grandes almas que sí Me reconocen. Así pues, buscan su refu-
gio en Mi Naturaleza Divina. Me aman con todo su corazón, dedicándome todo su
ser. En verdad ellos saben que Yo soy la fuente de donde surge todo.




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En la cultura y tradición hindú se considera como infierno todas las formas de vida inferior a la
humana, dado que en esas formas de vida no es posible realizar el Conocimiento de Dios, por lo tanto
sufren apartados de la presencia de Dios, condenados a vivir en la mera conciencia de los sentidos. Tam-
bién se considera como infierno la vida humana mientras el individuo carece del Conocimiento directo de
Dios a través de la experiencia que es revelada por el Guru o Budha (Maestro Perfecto) de su época. An-
tes de recibir esta iniciación se vive en la ignorancia, sufriendo las miserias propias de las especies infe-
riores que carecen de la posibilidad de disolver su conciencia en la Fuente de energía vital, que está dentro
de todo.




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