El Bhagavad Gita




26. Aunque el alma estuviese destinada irremisiblemente al ciclo de nacimientos y
muertes una y otra vez, no deberías, aún así, sentirte turbado por la tristeza.

27. Ciertamente, todo lo que tiene un principio ha de tener un fin. La muerte es el final
seguro para quien ha nacido. Pero es igualmente seguro que quien ha muerto ha de
renacer. Así pues, no deberías afligirte por lo inevitable.

28. Invisibles son todos los seres antes de su nacimiento, e invisibles volverán a ser des-
pués de su muerte. Sólo en el transcurso entre estos dos estados invisibles, resulta
posible que los podamos ver. Siendo esto verdad, ¿por qué afligirse?

29. Alguien puede creer en el Espíritu, como la visión de una maravilla, y nos lo descri-
be como tal. Mientras que otros tan sólo han oído que es maravilloso; pero aún ha-
biéndolo oído, ninguno de los dos lo conoce en verdad.

30. El Espíritu inmortal mora en todos los seres y la muerte no puede afectarlo. Repon-
te, pues, de tu tristeza.

31. Por esto, piensa en tu deber y no dudes. No hay mayor honor para un guerrero que
participar en una lucha por el restablecimiento de la virtud.

32. ¡Oh, Arjuna! Hay una batalla que ganar antes de que nos sean abiertas las puertas
del cielo. ¡Felices son aquéllos guerreros cuya actitud es participar en esa guerra!

33. Y no luchar por la justicia es traicionar tu deber y tu honor; es despreciar la virtud.

34. Los hombres hablarán de tu deshonor, tanto ahora como en tiempos venideros. Y
para un hombre noble, el deshonor es peor que la muerte.

35. Los guerreros dirán que por miedo desertaste del campo de batalla. Y todos aquéllos
que antes te hacían alabanzas, ahora te harán escarnio.

36. Tus enemigos te llevarán al descrédito poniéndote en ridículo, olvidando tus proezas
y diciendo cosas indignas de ti. ¿Puede haber, para un guerrero, mayor vergüenza
que ésta?




27

27