Recorres el camino de tu grandeza: ¡nadie debe seguirte aquí a escondidas! Tu mismo
pie ha borrado detrás de ti el camino, y sobre él está escrito: Imposibilidad.
Y si en adelante te faltan todas las escaleras, tienes que saber subir incluso por encima
de tu propia cabeza: ¿cómo querrías, de otro modo, caminar hacia arriba?
¡Por encima de tu propia cabeza y más allá de tu propio corazón! Ahora lo más suave
de ti tiene aún que convertirse en lo más duro.
Quien siempre se ha tratado a sí mismo con mucha indulgencia acaba por enfermar a
causa de ello. ¡Alabado sea lo que endurece! ¡Yo no alabo el país donde corren - manteca
y miel278
Es necesario aprender a apartar la mirada de sí para ver muchas cosas: - esa dureza
necesítala todo aquel que escala montañas.
Mas quien tiene ojos importunos como hombre del conocimiento, ¡cómo iba a ver ése
en todas las cosas algo más que los motivos superficiales de ellas!
Tú, sin embargo, oh Zaratustra, has querido ver el fondo y el trasfondo de todas las co-
sas: por ello tienes que subir por encima de ti mismo, - ¡arriba, cada vez más alto, hasta
que incluso tus estrellas las veas por debajo de ti!
¡Sí! Bajar la vista hacia mí mismo e incluso hacia mis estrellas: ¡sólo esto significaría
mi cumbre, esto es lo que me ha quedado aún como mi última cumbre! -

Así iba diciéndose Zaratustra a sí mismo al ascender, consolando su corazón con duras
sentenzuelas: pues tenía el corazón herido como nunca antes. Y cuando llegó a la cima de
la cresta de la montaña, he aquí que el otro mar yacía allí extendido ante su vista: enton-
ces se detuvo y calló largo rato. La noche era fría en aquella cumbre, y clara y estrellada.
Conozco mi suerte, se dijo por fin con pesadumbre. ¡Bien! Estoy dispuesto. Acaba de
empezar mi última soledad.
¡Ay, ese mar triste y negro a mis pies! ¡Ay, esa grávida desazón nocturna! ¡Ay, destino
y mar! ¡Hacia vosotros tengo ahora que descender!
Me encuentro ante mi montaña más alta y ante mi más larga caminata: por eso tengo
primero que descender más bajo de lo que nunca descendí:
- ¡Descender al dolor más de lo que nunca descendí, hasta su más negro oleaje! Así lo
quiere mi destino: ¡Bien! Estoy dispuesto.
¿De dónde vienen las montañas más altas?, pregunté en otro tiempo. Entonces aprendí
que vienen del mar.
Este testimonio está escrito en sus rocas y en las paredes de sus cumbres. Lo más alto
tiene que llegar a su altura desde lo más profundo. - Así dijo Zaratustra en la cima del
monte, donde hacía frío; mas cuando se acercó al mar y se encontró por fin únicamente
entre los escollos, el camino lo había cansado y vuelto aún más anheloso que antes.
Todo continúa aún dormido, dijo; también el mar duerme. Ebrios de sueño y extraños
miran sus ojos hacia mí.
Pero su aliento es cálido, lo siento. Y siento también que sueña. Y soñando se retuerce
sobre duras almohadas.
¡Escucha! ¡Escucha! ¡Cómo gime el mar a causa de recuerdos malvados! ¿O tal vez a
causa de expectativas malvadas?
Ay, triste estoy contigo, oscuro monstruo, y enojado conmigo mismo por tu causa.
¡Ay, por qué no tendrá mi mano bastante fortaleza! ¡En verdad, me gustaría redimirte
de sueños malvados! ­

Y mientras Zaratustra hablaba así, se reía de sí mismo con melancolía y amargura.
«¡Cómo! ¡Zaratustra!, dijo, ¿quieres consolar todavía al mar cantando?

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