258
En Ecce homo cita Nietzsche estas palabras y afirma que con ellas «define su tarea con tal rigor que
no es posible equivocarse sobre el sentido: dice sí hasta llegar a la justificación, hasta llegar incluso a la
redención de todo lo pasado».
259
También Mefistófeles dice en el Fausto (versos 1338-1340): «¡Yo soy el espíritu que siempre niega!
Y con razón: pues todo lo que nace es digno de perecer.» Nietzsche ha citado estas últimas palabras ya
antes, en el capítulo Del país de la cultura.
260
Reminiscencia de la Antigüedad clásica: el tiempo (Cronos) devora a sus hijos. El principio de la frase
contiene una alusión al fragmento de Anaximandro: «De donde las cosas tienen su origen, hacia allí tiene
lugar también su perecer, según la necesidad: pues dan justicia y pago unas a otras de la injusticia según el
orden del tiempo».
261
Véase luego, en la tercera parte, De tablas viejas y nuevas, 16. Las «canciones de fábula» son sin duda
las doctrinas expuestas por Schopenhauer en el libro cuarto de su obra El mundo como voluntad y represen-
tación.
262
Véase, en esta segunda parte, De los compasivos.
263
La frase alemana aquí empleada por Nietzsche, aus der Schule schwátzen, significa en realidad: no
poder callar la boca, divulgar un secreto. El jorobado acusa a Zaratustra de no manifestar a sus discípulos
sus efectivos pensamientos.

De la cordura respecto a los hombres

No la altura: la pendiente es lo horrible!
La pendiente, donde la mirada se precipita hacia abajo y la mano se agarra hacia arri-
ba. Aquí se apodera del corazón el vértigo de su doble voluntad.
Ay, amigos, ¿adivináis también la doble voluntad de mi corazón?
Esto, esto es mi pendiente y mi peligro, el que mi mirada se precipite hacia la altura y
mi mano quiera sostenerse y apoyarse - ¡en la profundidad!
Al hombre se aferra mi voluntad, con cadenas me ato a mí mismo al hombre, pues me
siento arrastrado hacia arriba, hacia el superhombre: hacia allí tiende mi otra voluntad264.
Y para esto vivo ciego entre los hombres; como si no los conociese: para que mi mano
no pierda del todo su fe en algo estable.
Yo no os conozco a vosotros, hombres: ésta es la tiniebla y éste es el consuelo que me
han rodeado a menudo.
Estoy sentado junto a la puerta de la ciudad, expuesto a todos los bribones, y pregunto:
¿quién quiere engañarme?
Ésta es mi primera cordura respecto a los hombres, el dejarme engañar, a fin de no te-
ner que mantenerme en guardia frente a los engañadores265.
Ay, si yo me mantuviera alerta frente al hombre: ¡cómo podría ser éste un ancla para mi
globo! ¡Demasiado fácilmente me vería arrastrado a lo alto y a lo lejos!
Ésta es la providencia que domina mi destino, el que yo no tenga que tener cautela.
Y quien no quiera morir de sed entre los hombres tiene que aprender a beber de todos
los vasos; y quien quiera permanecer puro entre los hombres tiene que entender de lavar-
se incluso con agua sucia.
Y así me hablé yo a menudo para consolarme: «¡Bien! ¡Adelante! ¡Viejo corazón! Una
infelicidad se te ha malogrado: ¡disfruta eso como tu - felicidad! »
Y ésta es mi segunda cordura respecto a los hombres: yo trato con más indulgencia a
los vanidosos que a los orgullosos.
¿No es la vanidad ofendida la madre de todas las tragedias? Pero cuando el orgullo es
ofendido, allí brota ciertamente algo aún mejor que el orgullo.
Para que la vida sea buena de contemplar, su espectáculo tiene que ser bien representa-
do: y para ello se necesitan buenos comediantes.
Buenos comediantes me han parecido todos los vanidosos: representan la comedia y
quieren que la gente guste de verlos, - todo su espíritu está en esa voluntad.

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